sábado, 12 de julio de 2008

Última estación



La residencia de ancianos.
El destino que nos espera a la mayoría de nosotros.
Allí, con la cabeza perdida y patéticos tatuajes decorando aún nuestro pellejo, esperaremos nuestra hora, sin tener en realidad conciencia de ello.
Decrépitos. Seniles. Olvidados. Solos.
Consumidos poco a poco hasta acabar reducidos a un estado vegetativo, con la mente devorada por el alzheimer.
Una perspectiva espeluznante de la que nos vamos a librar muy pocos.
El mundo occidental, que tanta felicidad VIP o low cost nos da, al final se vuelve cruelmente contra nosotros, con su dilatada esperanza de vida, y se acaba convirtiendo en una maldición.

1 comentario:

ciudadanoe dijo...

wow! pues anda q no eres muerta, ni ná! post modo living death en la maldición occidental...todo es lineal hacia la decrepitud...

vaya tela, ahora contextualizo mucho mejor tus posts sobre los nichos y los panteones...manda cojones!

te mando un beso muy fuerte, fresco y lleno de vida (lo indica mi lengua roja) desde la ciutat condal.