sábado, 21 de julio de 2012

El 19 de julio


Será, a partir de ahora, una de esas fechas memorables. Una fecha significativa en la historia de este país. Una fecha revolucionaria. De las que algún día, cuando por fin se derribe el Régimen y nazca uno nuevo, darán nombre a un puente colgante o a una avenida, Puente del 19 de Julio o Avenida 19 de Julio, y que se inscribirá con letras de bronce en una placa de mármol, enmarcada por laureles.

Y se recordará cada año y probablemente se celebre de alguna forma, porque el 19 de julio fue un punto de inflexión. El comienzo de algo nuevo. De un nuevo espíritu, un espíritu de unidad. Ante los recortes arbitrarios e injustos de un gobierno que podrá recortar muchas cosas, probablemente todas prescindibles desde su punto de vista, pero que nunca podrá recortar la dignidad.

Y el 19 de julio, la gente demostró tener una enorme dignidad y protestó y se quejó dentro de un ambiente festivo y sin tensión, aunque la paciencia cada día se agota más ante un gobierno que exige sacrificios a los ciudadanos pero que coloca como asesores o al frente de empresas públicas a maridos, hijos, sobrinos y hermanos.
Que la gente en el fondo no es tonta y tiene para esto una palabra: sinvergüenzas. 


Oh, camaradas, fue una jornada gloriosa, tendríais que haberlo visto, fue una tarde de mil colores y mil banderas al viento. Vibraban las voces, los corazones; el clamor era unánime. Los cánticos encendían la mecha del corazón, la indignación se cantaba, se coreaba, sin perder el buen humor.
Y todos en una feliz armonía: nadie recriminaba su presencia a nadie, nadie estaba de más, todos eran necesarios, todos eran camaradas y compañeros de lucha.

La mani del 19 de julio trascendía las etiquetas que hubieras podido colgar a las habidas anteriormente: era la manifa de la unidad.
En ella no había un perfil definido o concreto; no podías decir 'es solo de funcionarios' 'de los sindicatos' o 'de los perroflautas del 15M'. Fue la mani más ecléctica, la más variopinta; había de todo, como en esa botica de abuela a la que pretende que recurramos Ana Mato.
Y, aunque para gustos había muchos colores, la motivación era la misma: la lucha común de los afectados por unos recortes indiscriminados, injustos y dictados con recochineo de cerdos capitalistas, porque además de hacernos pagar por sus pecados, nos castigan por ser plebeyos y pobres.
Por no ser como ellos, y esto no es ya ser clasistas, esto es de sádicos.


Pero la gente no es tonta y se está cansando. Y el 19 de julio se unieron para hacer sentir su malestar y su fuerza, todos juntos.
Y allí, en la manifa, camaradas, vi camisetas verdes defendiendo la enseñanza pública, camisetas azules contra la privatización del Canal de Isabel II, camisetas naranjas y amarillas, policías, bomberos, enfermeras, actores, antisistemas con rastas, científicos del CSIC en bata blanca, periodistas, trabajadores de RTVE reclamando una tele de todos para todos, banderines de Comisiones y los rojinegros de la CGT, gays con sus banderas del arco iris, parejas de lesbianas, parejas heteros y parejas que se formaban (yo también quiero ligar con un guapo activista, a ser posible policía o bombero), un grupo del Partido Humanista, otro de Ecologistas en Acción, técnicos en lucha del TACE con casco y monopatín, mucha bandera republicana pero también unas cuantas monárquicas... Y esto fue sin duda lo más especial de la jornada inolvidable del 19 de julio, ver esas dos banderas aparentemente irreconciliables ondear juntas.


En verdad os digo, camaradas, que fue algo emotivo y grande. Solo por eso valió la pena estar allí, solo por ver agitarse ambas banderas, una junto a la otra, las dos Españas al fin superadas y unidas defendiendo la misma causa. Lo que me hizo darme cuenta de que los enemigos no somos nosotros sino ellos, y que era, por una vez, un enemigo común.
Y todo dentro de un ambiente festivo porque ante todo, camaradas, fue una fiesta. La fiesta de la unidad.

Oh sí, camaradas: fue una jornada gloriosa.
Pero lo fue sobre todo, y me emociono solo al recordarlo, porque, aunque cueste creerlo, no hubo batucada.
Este fue el mayor milagro, el mayor prodigio de la mani del 19 de julio.
Solo por eso la fecha merece ser recordada.

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