viernes, 15 de mayo de 2015

Recuperar Madrid


¿Qué bonito suena, verdad? Qué oportuno y qué actual. Pero no es una consigna nueva. Fue el eslogan que utilizó el PSOE cuando ganó la alcaldía de Madrid y lanzó un nuevo plan general para la ciudad, allá por 1982.
Todavía guardo el libro que editaron y vendieron en quioscos y librerías. Fue un momento de euforia, de ilusión, de ganas, de posibilidades, de ser conscientes de que había cosas que se podían cambiar y todo era ponerse manos a la obra.
Un poco, o mucho, como ahora con el Alcaldesas Deathmatch entre Esperanza -qué sarcasmo de nombre- vs. Manuela.


Porque, antes de seguir, quiero dejar bien clara una cosa: este post no es para romper una lanza por el PSOE ni pedir el voto para ellos, pero una cosa no quita la otra. Siempre que puedo, procuro ser ecuánime. Y justo es reivindicar lo que hicieron los socialistas hace más de treinta años en el ayuntamiento de Madrid, porque aquello fue todo un revolcón a la ciudad, y positivo.


Sé que esto resulta atrevido y chocante, hasta provocador, cuando de unos años a esta parte ya se ha encargado la derecha dominante y sus medios -que son la mayoría- de demonizarlos, poniéndoles cuernos y rabo en su mejor tradición, repitiendo como un mantra lo malos que son, la lacra que suponen y han supuesto siempre, atribuyéndoles barbaridades sin cuento, hasta la Guerra Civil, que ya hay que tener los cojones así de grandes, pregonando sin cesar que los socialistas son lo peor, que solo traen el mal gobierno, el despilfarro y el caos, como si ellos fueran los únicos que han hecho cosas buenas en este país.
Y sí, claro que las han hecho: para ellos y sus familias, que aunque el juicio final nos trate por igual, aquí hay gente de rancio abolengo.


Tampoco voy a negar que el PSOE ha degenerado en un partido del sistema, con todos sus vicios y errores, pero pasarse de cierta raya es hacerle el juego a esa derecha que tenemos y que es, probablemente, la que peor Libro de Estilo tiene del mundo mundial.
Yo solo digo que hay que demostrar un poco más de nobleza, que parece mentira con tanto aristócrata entre ellos, y reconocer que, con aquel plan de 1982, los socialistas le dieron la vuelta a una ciudad hasta entonces degradada, arrasada en su patrimonio por la especulación salvaje del desarrollismo franquista, con graves desequilibrios sociales y una brecha abismal entre el norte acomodado y el sur obrero.

Que, en la medida de lo posible, procuraron arreglar y corregir. Y en gran parte lo consiguieron, hasta el punto de que Madrid se reconcilió consigo misma: por primera vez en mucho tiempo se miraba en el espejo y se gustaba.
Como el ave Fénix, había resurgido de sus cenizas.


No reconocer esto, repito, es ser muy mezquinos: los socialistas abrieron dotaciones inexistentes en muchos barrios -guarderías, ambulatorios, centros culturales y para la tercera edad-, llevaron a ellos el transporte público, erradicaron el chabolismo, realojando barrios enteros como los de Orcasitas o Entrevías, dejaron de dar prioridad al tráfico desmontando, por ejemplo, esa aberración que era el escalextric de Atocha. Alentaron la cultura y un clima propicio para la explosión de las artes en una ciudad que recién salía de esa larga noche del franquismo que la había convertido en árida, antipática y gris.


Recuperaron tradiciones prohibidas como el carnaval, hicieron la ciudad abierta y tolerante, editaron revistas de coleccionista como Madriz, instauraron los premios Rock Villa de Madrid y en el Ayuntamiento había un concejal que eran fan de los Smiths y no paró hasta organizar aquella actuación mítica en el Parque del Oeste en la que sí, yo también estuve, y lo bien que me vino durante años para ligar con impresionables niñatos indies.

Madrid se volvió atractiva, luminosa y recuperó su calidez, su simpatía, su energía tan especial, esa vibración eléctrica que la hace única, esa coquetería descarada y más chula que un ocho y se volvió a querer a sí misma y Madrid fue una fiesta que dejaba al mundo con la boca abierta con su efusión, su creatividad, su alegría.


Y, sobre todo, con un alcalde como Enrique Tierno Galván, o simplemente Tierno, el viejo profesor, ese alcalde que no pudo serlo en mejor momento, encarnando como nadie ese espíritu excitante y bullanguero que invadía la ciudad y al que no hizo sino ponerle un rostro amable, una sabiduría, un prestigio, una actitud modesta.
Tierno traía consigo un estilo distinto, culto, ético y venerable, y la ciudad, en vez de verle como un bicho raro, le correspondió.
A Tierno lo adorábamos.


Todavía recuerdo aquel entierro masivo, todo aquel cariño y agradecimiento volcado en las calles tristes, aquella pena equiparable a haber perdido no al alcalde sino a alguien de la familia. El día que Tierno murió, todos nos quedamos un poco huérfanos. Y que un político consiga esto es algo a lo que ya no estamos acostumbrados, cuando ahora solo los miramos, en general, con un gesto de asco o desprecio.
Tierno era nuestro alcalde, pero es que además era chachi, el mejor, no veas si molaba, colega, todo un señor como él y nos parecía el más enrollado y a la vez entrañable; era como la abuela rockera de Vallecas con el empaque serio de un filósofo; por eso se le tenía tanto respeto.


Como también recuerdo aquella cola kilométrica para desfilar ante la capilla ardiente, a la que fui con mi madre, y cómo ella reprendió en la fila a una persona que tiró un papel o un envoltorio al suelo: 'Eso no se hace -le dijo-. Anda que si Tierno te viera...' Y lo orgulloso que me sentí de ella, y del viejo profesor que nos había enseñado a todos, con sus bandos extravagantes en un español barroco, a ser un poco más respetuosos, más cívicos.
No hay mejor político que el que hace de su vida una lección de cómo ser mejor ciudadano.


Sí, de unos años a esta parte los socialistas han caído en el descrédito, les han echado toneladas de mierda encima, todos esos medios y voceros de derecha se han encargado de hacerlo, y lo han hecho bien: hay gente a los que se los nombras y echan espuma por la boca; te dicen que han sido un cáncer para este país. Y yo, sin ser del PSOE, te digo que hubo una vez un alcalde, socialista, al que la mayoría de los madrileños queríamos de verdad porque nos parecía muy auténtico, afable, pintoresco y tan tierno como su nombre.
Y todos nos sentíamos orgullosos de él porque nos había devuelto el orgullo de ser madrileños.


Que vino además en el mejor momento, encarnando como nadie el borrón y cuenta nueva, la ansiedad del cambio, un relevo refrescante y distinto, con todo lo mayor que era, y pese a ello, con una sintonía tan especial con todos los que entonces éramos unos chavales, lo que tampoco nos sabíamos explicar, pero era un hecho. Es que Tierno era mucho Tierno.
Pero no todo va a ser nostalgia y 'hubo una vez un alcalde'. Me gustaría que también fuera futuro. Mayo es tiempo de flores y alergias, de vitalidad que rebrota después de un duro invierno, y, en este blog, de analogías.
Que no sé si vienen a cuento, aunque yo creo que sí, porque hay tantas cosas de entonces que me recuerdan a lo de ahora y, sobre todo, a lo que puede venir. Que es muy prometedor.


Yo lo que quiero es que, dentro de unos años, otra persona vuelva a decir, o a escribir, 'hubo una vez una alcaldesa', y lo haga recordando y homenajeando a Manuela Carmena.
Porque Madrid no se merece menos, que ya va siendo hora de despertar de la larga noche del PP y apostar por el cambio y la esperanza de verdad. Un cambio tan completo como el de entonces, igual de emocionante, que nos haga sentir el mismo respeto y orgullo por quien dirige la ciudad.
Además, ¿hay algo más castizo, más chispero y más fetén que tener, en la ciudad de las manolas y los manolos, una alcaldesa que se llame Manuela?
Hay mucho en juego el próximo 24 de mayo, y lo que hay que hacer es movilizarse para recuperar nuestra ilusión, nuestro potencial, nuestra credibilidad, nuestro amor propio, nuestro lugar en el mundo.
Es para recuperar Madrid.
Esta vez, con Manuela.

2 comentarios:

Roberto dijo...

Te olvidas mencionar que los socialistas participaron luego de la fiesta de la corrupción....ahora le toca reinventarse a Madrid si quiere sobrevivir.

David Pallol dijo...

Hola Roberto. La entrada no iba de analizar la trayectoria de un partido político, sino de recordar un momento concreto en la historia de la ciudad -en líneas generales bastante positivo- y, sobre todo, a un alcalde como fue Tierno.
Y aunque hayan terminado enfangados en la corrupción y, lo que es peor, traicionando gran parte de sus principios, el Plan General del 85 fue un buen plan con un gran equipo técnico detrás; hay que tener memoria para todo, no solo para los episodios oscuros. Un saludo.