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sábado, 19 de diciembre de 2015

10 cosas irritantes de Facebook


1. Las fotos de niños con síndrome de Down o de negritos (o incluso de negritos con síndrome de Down) acompañadas de un mensaje parecido a este: ‘¿A que soy lindo? Pero sé que no me compartirás porque eres racista.’
Yo a esto lo llamo chantaje de lo más burdo. Lo malo es que hay gente que pica; será que tienen mala conciencia.


2. Esa variante de lo anterior en que la foto ha subido un grado de truculencia y ahora muestra un niño con leucemia, una enfermedad rarísima o con una deformación horrible, de las duras de ver, pidiéndote un ‘Amén’. Como si fuera a servir de algo o, lo que es peor, aceptando con resignación la voluntad de su dios, por terrible y cruel que sea.
Mejor tomárselo con humor, como hacen en EE UU los seguidores del Monstruo Espagueti Volador, los pastafaris, que en estos casos contestan con un 'Ramen', poniendo una foto como la de arriba.


3. Perros, perros y más perros. I mean, honestly. Qué soberano empacho canino: camadas por repartir, chuchos que rescatar, cachorritos que adoptar o que salvar… Siempre me tendrás ahí contra el maltrato animal, pero respecto a tanto perro abandonado el problema es de base.
Esto debería ser como cuando adoptas un niño, que te exigen mil requisitos. O como cuando sacas una licencia de armas, porque tener un perro es también una responsabilidad muy grande. Los aspirantes deberían someterse a una entrevista previa o a tests de compatibilidad, un mínimo proceso que los evaluara como aptos para tener una mascota. O no. Así nos evitaríamos tanto drama producto de la inconsciencia y FB no parecería una perrera virtual ni el casting para un remake de La dama y el vagabundo.


4, Los monotema. Son muy cansinos, todo el día spinning around en el círculo vicioso de su única obsesión. Están los letraheridos, o más bien los letrasesinados, esos de formato antiguo (el libro-e para ellos es blasfemia) y gustos de abuelo que se sienta a leer con pantuflas en un sillón de orejas. Un clásico entre ellos: la típica foto de libro y taza de café sobre el velador (ellos lo llaman así) de un café igualmente letraherido, bohemio o con solera, mejor si los cafés son en distintas ciudades.
Otro colectivo especialmente pesado con lo suyo son los veganos. Pero también están los viajeros infatigables, los que están todos los días de conciertos o a la caza del vinilo (mostrando por supuesto sus últimos trofeos), los montañeros/campestres y los ‘místicos’, que también se las traen con su matraca de terapias alternativas y frases ‘iluminadoras’.


5. Esos memes y vídeos que llevan años pululando por el ciberespacio, donde flotan ya como chatarra cósmica, y que todavía alguien, a estas alturas, descubre como si fueran nuevos. No me lo explico. ¿En qué mundo viven? ¿No están todo el día conectados a Internet como yo?
Internet va a la velocidad de la luz y tú no puedes quedarte atrás: el meme que te hacía gracia hace 15 minutos ahora es una reliquia. Ni te cuento ya la sensación naftalinosa que da que lo postees con entusiasmo de novicia tres años después.


6. El tsunami de necrológicas y esquelas que inunda el muro de inicio cada vez que fallece alguien, ya sea primera figura del rock, actriz nonagenaria del Hollywood dorado o un oscuro pianista dodecafónico polaco. De repente todos eran muy fans y uno entonces se lo explica: esa persona no murió de éxito, que la han matado.


7. Los que JAMÁS interactúan contigo, bien por timidez, por indiferencia -que duele, no te voy a decir que no- o porque simplemente tienen un ego más grande que el tuyo. No es que me irriten exactamente, es un fenómeno que me hace gracia y que podríamos llamar ‘vidas paralelas en FB’ o incluso ‘compartimentos estancos’.
Son relaciones morbosas, intrigantes y pasivo-agresivas que no acabas de racionalizar, pero también es verdad que FB no sería lo mismo sin ellas. Solo tienes que dejar de ser celoso y aceptar que la gente tenga su propia autonomía.  


8. A esa nueva Dorothy Parker que es Diana Aller le da cosica la gente que practica el autobombo. Estoy de acuerdo, pero también soy más indulgente: es algo que en mayor o menor medida hacemos todos. El FB no deja de ser un tablón de anuncios y, al fin y al cabo, la vanidad es uno de los motores del mundo.
Encuentro mucho más creepy una subcategoría dentro del autobombo: la de las personas que se premian a sí mismas con un ‘like’ nada más postear algo. Por lo general es el único que reciben, ya que no tienen muchos amigos (por lo que he observado, menos de 50) y para colmo tampoco les hacen mucho caso, con lo que ese auto-‘me gusta’ les sirve de premio de consolación. Un poco triste en el fondo.


9. Las histerias colectivas o fenómenos virales sin sentido, como lo del cierre del Café Comercial, que yo creo que ahí se alcanzó un paroxismo.
Al menos para mí fue un punto de inflexión, como de WTF? Fueron días de mucha vergüenza ajena, y me di cuenta de lo fácilmente que la gente pierde el oremus en las redes sociales, pero es que viral viene de virus y su patrón de comportamiento es el mismo. Hay que tener un sistema de defensas muy sólido para no dejarse contagiar.


10. Las campañas de activismo tipo ‘contra el recibo de la luz, apaga las luces una hora’ o algo así. Rula por los muros que da gusto, aunque luego no apaga la luz ni el tato, más que nada porque a ver quién sigue posteando, wasapeando, blogueando o tuiteando a oscuras. Cosas de ese postureo rampante que también define FB.
Algo más patético resulta ver a gente corriente y moliente, esos que comparten contigo el vagón de metro, apuntarse a campañas de celebrities como la de echarse un cubo de agua helada encima. Me pregunto qué harían si a las celebrities, por una buena causa, les diera por despeñarse por un barranco…


sábado, 3 de noviembre de 2012

Su empleado es una celebridad on line, ¿qué hacer ahora?


En primer lugar, no se preocupe: el suyo no es el único caso.
Ni será el último.
Un número creciente de profesionales está usando los 'social media' (blogs y redes sociales) para construirse una identidad pública/personal (o personal/pública) basada en un talento diferente al que muestra en su entorno o un trabajo alternativo.
Y esa identidad es, en otras palabras, su propia marca. Es muy probable que ese contable discreto y de mirada huidiza sea un bloguero de éxito, o que tu mejor comercial, con la misma labia digital que vocal, sea también una estrella en Twitter.


Pues bien, este es nuestro consejo: no desperdicie la oportunidad.
Siga la recomendación de un experto y aproveche la sinergia: considérelos co-marca, o marca compartida. Aliada a la suya ambas se reforzarán y ambas saldrán ganando.
Puede que usted no sepa de lo que le estoy hablando, pero es momento de espabilar.
Debe empezar a tener en cuenta a estos empleados. Es posible que ahora no los reconozca, que no sepa distinguirlos, que su señal sea débil en el radar, pero créame: esto está cambiando rápido y, más pronto que tarde, los descubrirá.


Jefes, empresarios, compañeros de oficina, departamentos de recursos humanos: todos ellos han de prepararse para afrontar este nuevo escenario.
No deben, para empezar, subestimar a ningún compañero o empleado: ese teleoperador con sobrepeso, melena grasienta y camiseta de Star Wars puede ser una celebridad digital, con un millón de followers o 'amigos'.
Y esa secretaria modosita, tan cursi y tan repollo, aunque le cueste creerlo, probablemente administra una de las webs de porno doméstico más visionadas del planeta.


Lejos de desconcertarse, hay que tomárselo como un estimulante reto y una oportunidad de oro para darle valor añadido a nuestra firma o empresa.
Lo que no debe en ningún momento es tener remilgos, por más que usted llegue a pensar que, lejos de potenciar o complementar su marca corporativa, la actividad digital de su empleado pueda colisionar o entrar en conflicto con ella.
Estas prevenciones no tienen sentido. Nuestro consejo, tradicional empresario casposo o joven emprendedor, es que los abrace y adopte con entusiasmo sin pensar en las posibles implicaciones o consecuencias.
De lo contrario, el riesgo que corre es todavía mayor: alienar o perder a uno de sus mejores empleados y perjudicar o incluso quemar su propia marca.


No se deje llevar por prejuicios caducos y arrope sin reservas a su estrella digital: su actividad on line siempre será la suma de un activo positivo para la imagen de su propia marca que, no lo dude un instante, se verá potenciada y con más brillo.
Es un intercambio que los anglosajones llaman de win-win, o ganancia doble: tu marca será más cool, él/ella se sentirá reconocid@, trabajará para ti más a gusto y, en lo suyo, ni te digo.