"Era el mundo, el mundo mismo, lo que quedaba fuera de su alcance, toda aquella construcción tan absurdamente inmensa, compleja, fortuita, inconmensurable, aquel infinito flujo y reflujo de relaciones humanas, políticas, culturas e historias...
¿Cómo podía aspirar alguien a dominar semejantes cosas?
No era como la música. La música siempre tenía sentido.
La música que escuchó esa noche era lúcida, reconocible, estaba repleta de inteligencia y humor, de melancolía y esperanza.
Nunca entendería el mundo, pero siempre amaría aquella música.
La escuchaba con Dios a su lado, y sabía que había encontrado un hogar."
"El club de los canallas", Jonathan Coe.
¿Cómo podía aspirar alguien a dominar semejantes cosas?
No era como la música. La música siempre tenía sentido.
La música que escuchó esa noche era lúcida, reconocible, estaba repleta de inteligencia y humor, de melancolía y esperanza.
Nunca entendería el mundo, pero siempre amaría aquella música.
La escuchaba con Dios a su lado, y sabía que había encontrado un hogar."
"El club de los canallas", Jonathan Coe.












