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viernes, 29 de diciembre de 2017

Madrid es la tumba del fascismo



Enterramiento de Ante Pavelic en el cementerio de San Isidro. Allí se conoce como 'la tumba del croata' y casi prefieren no hablar de ella.
Lógico: Pavelic fue líder de la sanguinaria Ustacha y Caudillo (Poglavnik) del estado aliado de los nazis que fundó en Croacia y que causó uno de los genocidios más terribles y menos conocidos de la 2ªGM. 
De corte clerical-fascista, el régimen ustacha fue el más parecido a nuestro franquismo nacional-católico.
Convendría estudiar los paralelismos.



Mausoleo familiar donde yacen los restos del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, en el cementerio de El Pardo.


El segundo de a bordo, el heredero, también en el cementerio de Mingorrubio.



Tumba colectiva en la Necrópolis del Este de 7 pilotos de la Legión Cóndor, fallecidos mientras intervenían en la guerra de 1936-39. 
De la lápida que centra el monumento se borró toda mención honorífica, a petición de la embajada alemana. 
Hoy solo pueden leerse las siete placas con los nombres individuales.


Su congoja a la hora de comunicar al país la muerte del dictador forma ya parte de la historia de nuestra televisión y se ha consagrado también como uno de nuestros memes más populares, en su versión original o manipulado. 
Carlos Arias Navarro fue presidente del gobierno tras la muerte de Carrero Blanco en atentado y, de haber sido por él, España seguiría en blanco y negro.


Conjunto de capilla con cripta que componen el panteón de la familia Franco. 
Ahí está enterrada su mujer, Carmen Polo, desde 1988 y ahí se enterrará a su hija, Carmen Franco. 
Solo falta él.

viernes, 24 de junio de 2016

Procesión cívica


Siempre he envidiado el concepto de procesión cívica que tenían griegos y romanos, esos desfiles solemnes de soldados, tribunos, cónsules y nobles doncellas que celebraban algún ritual público y que ocupaban todo el friso alrededor de un edificio.
Como además creo que procesiones religiosas ya tenemos bastantes, quería inaugurar yo mi propia romería laica y republicana.

Que comenzó el sábado 18 de junio por la mañana, en el Centro Espagnol de Perpignan, donde daba una conferencia dentro del programa de actividades del Festival PAD. Primera escala de la ruta y primer momento emotivo: la sala donde daba la charla estaba dedicada a Antonio Machado. Una evocación muy especial, como creo que lo es para todo compatriota que no tenga la sensibilidad de un gato de escayola.
De este otro poeta mártir podría decir muchas cosas, pero creo que el texto que subtitulaba la placa sobre la puerta ya lo definía perfectamente: 'Insigne poeta español y hombre de bien. Vivió y murió fiel a sus ideales.' Yo no podría haber hecho mejor briefing de la figura de Machado.

Y precisamente porque también procuro ser coherente con mis ideales, hice a continuación lo que consideraba un deber de conciencia: peregrinar con devoción a visitar su tumba en Collioure.
Era la segunda escala en mi procesión cívica, y era inevitable. Llevaba años soñando con hacerla. Además, te lo ponen en bandeja: te montas en un autobús, la línea 400, que desde Perpignan te lleva hasta allí y que solo cuesta un euro.
Es el viaje de las mil rotondas -ese invento francés, después de todo- y llegué por fin a Collioure con síndrome Dragon Khan, pero nada más bajarme del autobús, mareado todavía, lo primero que hice fue buscar el cementerio donde esta enterrado el poeta.
Es un cementerio pequeño justo en medio del pueblo y al que se accede, quelle casualité, por la Rue de la République, a través de una pequeña calle lateral: la de Jardin Navarro.














La tumba no tiene pérdida: la reconoces enseguida, antes incluso de entrar.
Me emocioné nada más verla. El viaje había sido un poco desquiciante con tanta curva, pero había valido la pena: al fin veía mi sueño cumplido. No quería morirme sin presentarle mis respetos a Machado.
Me llamó la atención que el lugar estuviera tan solitario pero en el fondo lo agradecí: estos momentos íntimos se disfrutan mejor en soledad.

A un lado de la sepultura hay un buzón donde la gente deposita sus notas, sus mensajes, sus poemas. 
De todos ellos se hace cargo la Fundación Antonio Machado de Collioure, que los recoge y guarda.





Parado ante la tumba, no pude evitar pensar en lo mucho que debió llorar el poeta lejos del hogar, hasta el punto de morirse de pena.
 A él, como a medio millón de españoles más, les habían dado una patada en el culo, expulsándolos de su propio país otros españoles que aunque proclamaban una España grande en realidad era muy estrecha.
El poeta terminó sus días aquí después de huir en desbandada, con lo puesto, haciéndole sentir como una rata a quien era un hombre afable, sabio y tierno, tan tierno que al final lo enterraron con su madre.

El recuerdo de Antonio Machado es de los que causa estremecimiento, y uno no es de granito. Al final, sin querer, se me humedecieron los ojos y una lágrima cayó en la grava del cementerio, y en la grava cayó una lágrima.
De repente me sentí ridículo: no había preparado nada para la ocasión, tampoco le había traído nada: una flores frescas (la combinación ideal, rojas, amarillas y moradas), una nota para el buzón, un poema, algo.

Se me ocurrió imitar a otros y dejar sobre la lápida una piedra, a lo judío. Lo improvisé pero me pareció oportuno, como reconocimiento a un hombre justo. De todas formas, sentí que mi presencia era suficiente.
Bastaba con estar allí y dedicarle un recuerdo.
Lo realmente importante es eso: que nunca le falte nadie que se acerque a recordarle.
















Aprovecho para decir que el poeta está bien donde está. Repatriarlo sería contraproducente: esta tumba es memoria histórica neta y bruta, por no decir descarnada. Si se trasladara a España probablemente se haría justicia, pero a cambio perderíamos un recordatorio eterno de lo que significó aquella tragedia colectiva.
Claro que una cosa es dejar a Machado allí, cubierto por el polvo de un país vecino, y otra bien distinta es despreocuparse de él hasta extremos bochornosos.
Los únicos que miman la tumba son los franceses. En su momento -febrero de 2016, en el 75 aniversario de su muerte- tuvo que ser la villa de Collioure la que adecentara la tumba y la adornara con una efigie del poeta en bronce.
Esto lo teníamos que haber hecho nosotros, con nutrida representación oficial.
No sé cómo no se nos cae la cara de vergüenza.


Collioure, por lo demás, es un enclave muy pintoresco al borde del mar, un antiguo pueblo de pescadores a 30 km de Perpignan entre montañas verdes rematadas por atalayas y castillos.
Puro Mediterráneo y muy fotogénico.
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A la izda., la playa urbana de Collioure, donde la Costa Brava pasa a hablar francés.
El pueblo no solo fue refugio de Machado, también de muchos pintores.
Entre ellos Matisse, que creó aquí el Fauvismo.


La siguiente escala en mi procesión cívica fue Argelés Sur Mer, a 25 kilómetros de Perpignan (parte de la ruta del mismo autobús, el 400).
Hoy es un holiday resort de largas playas, pero estas mismas playas hoy tan inocentes bajo este cielo azul, con sus bañistas locales y eurotrash, con sus hileras de chiringuitos y tiendas, fueron en su día campo de concentración de miles de republicanos españoles.

Habían cruzado la frontera en un éxodo masivo que provocó la caída de Cataluña en manos del ejército de Franco, y los hacinaron en un campamento improvisado aquí mismo, vigilados por soldados senegaleses y donde solo tenían arena, arena y más arena.


Más o menos a la mitad del largo paseo marítimo (o sentier litoral) se encuentra el monolito que lo recuerda, un sencillo menhir de piedra con una placa debajo en la que se lee:
'A la memoria de los 100 000 republicanos españoles, internados en el campo de Argelés durante la Retirada de febrero de 1939. Su desgracia: haber luchado por defender la Democracia y la República contra el fascismo en España de 1936 a 1939.
Hombre libre, recuérdalo.'

Y en efecto, hay que tenerlo muy presente aunque finalmente se ceda a la tentación de darse un baño en las playas de Argelés: lo que hoy es un luminoso lugar de vacaciones fue en su día un escenario dramático, con miles de españoles internados aquí mismo en condiciones infrahumanas.
Ellos, como Machado, tampoco merecen que se extinga el recuerdo.


Esto en Argelés Plage. En Argelés Ville, el pueblo, también puede visitarse otro lugar que te encoge las entrañas, el MUME o Museo Memorial del Exilio.
Toda la región del Rosellón está plagada de lugares que evocan la Retirada de 1939: en 2015, además, el primer ministro francés inauguró el Memorial de Rivesaltes, el campo de concentración donde iban a parar las mujeres y los niños. Debía haber ido acompañado del nuestro, pero bueno, un vaso es un vaso, un plato es un plato y de donde no hay no se puede sacar.
De haber sido un monumento a los triunfos de nuestra selección, habría estado el primero.
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Me habría gustado completar mi particular procesión cívica visitando la tumba de Azaña, pero otra vez será: Montauban me quedaba demasiado lejos, a casi 200 kilómetros.
Mi procesión de todos modos no acaba aquí sino el domingo en España, cuando regreso: será bajarme del AVE en Atocha, dejar el petate y correr al colegio electoral.
Hay razones poderosas, pero esta vez además el hecho de votar será para mí como saldar una deuda moral. Con Machado y con todos esos presos españoles en campos de concentración infames como el de Argelés Sur Mer o el de Rivesaltes.
Cuando caiga mi voto en la urna, irá cargado de intención. De simbolismo.
A un modesto nivel personal, ya que nuestras instituciones pasan de todo, también se puede reparar una injusticia histórica.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Repesca de un viejo y sórdido affaire


Rescato una de las fotos de un post publicado en junio de 2008, una temporada en que anduve más fúnebre y necrofilíco de lo normal.
Entre otras estimulantes actividades, me dio por visitar un camposanto, el de Pozuelo de Alarcón.
En mi errático deambular por el recinto, di con la lápida de una tumba que entonces sólo me llamó la atención por la sonoridad eslava de sus apellidos y a quien yo, románticamente, tomé por una pareja de aristócratas de algún país del este que escaparon de la Revolución. La ignorancia, que es así de atrevida.
No sabía yo entonces la historia que había detrás. Ni la podía imaginar siquiera. Tampoco me acordaba de Sandra y de lo que le ocurrió, era muy niño.
Y eso que probablemente no me perdí el capítulo de Curro Jiménez en el que apareció. Y que algo tuve que oír de todo aquel revuelo, salió en todas las revistas...
Pero es lo que yo digo, los hombres, por lo general, tenemos la polla muy larga y la memoria muy corta.

Afortunadamente, lo que uno escribe en un blog permanece luego siempre ahí, colgado y consultable, 24/7 y por los siglos de los siglos mientras un apagón digital de consecuencias catastróficas no lo eche todo a perder.
Meses, muchos meses después, un lector que firma como Anónimo me ha dejado en él un comentario, poniéndome al corriente de quién era en realidad esta mujer, Sandra Mozarovski, una joven y exuberante actriz nacida en Tánger de padre ruso (el que está enterrado con ella) y madre española.

La muchacha, que era un pimpollo de muy buen ver con unos preciosos ojos verdes, había hecho sus pinitos en el cine y era considerada, a sus 18 añitos, una de las musas del destape.
Y al igual que otras compañeras de reparto, compartió también un trágico destino.
Nadie se lo esperaba, cayó como un mazazo. No ella, que también, sino la noticia: llena de proyectos y con toda una vida por delante, se vio envuelta en un inexplicable accidente, al precipitarse al vacío desde la terraza donde, aparentemente, estaba regando las plantas.

Según cuentan, desesperada por su tendencia a engordar, se atiborraba de pastillas que o bien la amodorraban o bien le habían producido un fatal mareo que la había hecho caer. Otros hablaron de suicidio. Y otros, de que fue suicidada.
Desde altas y coronadas instancias con las que, presuntamente, había tenido un affaire clandestino, que ya se sabe que cierta estirpe de reyes ha sido desde siempre muy pichabrava.
La debilidad antigua de estos monarcas de opereta por actrices, sopranos, vedettes y coristas a veces lleva a callejones sin salida y juega malas pasadas, sobre todo a quien en una relación tan descompensada más tiene que perder.

Hablamos confidencialmente de una información que en su día fue censurada, de uno de esos rumores que hacen un ruido de fondo como de tam tam de la selva y que no puedes ahogar por más que eches paletadas de silencio encima.
Quizá debido a que la relación se estuviera volviendo demasiado comprometida o indiscreta, quizá por tedio real y porque ya estorbaba más que convenía, este rollizo bombón de ojos felinos y carrera prometedora fue, por oscuras y alcahuetas razones de Estado, sencillamente eliminada.
Lo que recuerda a un asunto similar que forma parte ya del acervo conspiranoico colectivo.

Yo ni afirmo ni sostengo nada, ni quito ni pongo rey (¡qué más quisiera!), pero sí recojo una larga sombra de sospecha que, infundada o no, viene rodeando este trágico asunto desde que ocurrió, allá a finales de los años 70.
Y ya se sabe que cuando el río suena...

miércoles, 9 de julio de 2008

Panteón




A veces, en medio de tanta gente, uno se siente solo.
Y otras, en medio de panteones clonados en su mediocridad, se encuentra con sorpresas como esta.
Un diseño limpio, distante, enigmático, conceptual, de inspiración zen y aristas austeras, un monumento abstracto como corresponde a esa suprema abstracción que es la muerte.

Un cubo casi metafísico, como sacado del fondo de un cuadro de Di Chirico... Aunque yo habría ido más allá -total, que le queda a uno ya que perder- y, llevando la metafísica y lo conceptual al extremo, no le habría puesto puerta.
Sin dejarse arrastrar por delirios dadaístas, lo cierto es que, lejos de excesos barrocos de orlas, guirnaldas, columnas, jarrones y angelotes, lo espiritual, como mejor se expresa, es con el minimalismo.
La forma desnuda, ascética.
La pureza destilada.
Lo esencial.
De eso precisamente se trata, ¿no?

Reflexiones aparte, quisiera resaltar dos detalles.
Uno es la entrada, enmarcada con un quicio saliente de granito, proyectándose en el espacio como si realmente fuera la boca de un túnel espaciotemporal.
La puerta, con esos perros guardianes en las aldabas que quizá sean los que vigilan el checkpoint del infierno, es sin duda una pieza de carpintería exótica, una interesante muestra de artesanía antigua comprada probablemente en un zoco de Marrakech.

El otro detalle digno de mencionar es la cuña sobre el nombre de la familia a la que pertenece el panteón, a la que sólo le falta un buda sentado delante y en la que parece imposible dejar otra cosa que no sean varillas de incienso.
A la vista de estos panteones híbridos, la conclusión es obvia: Oriente está por fin chocando con Occidente en nuestros cementerios.

sábado, 28 de junio de 2008

Huéspedes del limbo


El limbo.
¿Qué cosa será eso?
Siempre me ha fascinado la capacidad de los teólogos católicos para especular y elaborar mil teorías, a cual más fantástica y enrevesada, sobre lo que no existe.
La nada.
Pero no contentos con ello, hasta la compartimentan en distintos niveles, como si fuera un corteinglés, con directorio en la primera planta.
Está el cielo propiamente dicho, está el purgatorio –que es como una especie de zona de tránsito para los que han pecado, pero no mucho- y, compartiendo estatus igual de etéreo e indefinido, el limbo.
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Se supone que era el olvidadero donde iban a parar las pobres almitas de los niños muertos sin recibir el bautismo, lo que les privaba de salvación.
El limbo supuso una mejora en el destino de estas tiernas almas sin redención. Uno de los padres de la Iglesia, San Agustín, que no tenía nada de paternal, las condenaba directamente al infierno.
Después, unos siglos más tarde, se empezó a hablar del limbo como de un lugar donde todos estos niños precozmente fallecidos iban a parar, privados de la visión de dios, pero donde al menos no sufrían horrorosos tormentos.
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Lo del limbo, de todos modos, nunca constituyó un dogma y, en una reciente restructuración de lo que nos espera luego, la Iglesia Católica decidió suprimirlo.
No encajaba muy bien con la presunta misericordia de Dios y, por otra parte, había alarmantes problemas de overbooking dada la ingente cantidad de niños que mueren sin bautizar.
Así que nos quedamos con el cielo a secas, sin otros departamentos.
Es una pena, porque el concepto tenía algo de recinto infantil del MacDonalds o del IKEA, una especie de guardería celestial, supongo que concertada, donde gateaban y berreaban las almas de todos los bebés que no habían sido limpiados del pecado original.
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Lo que no podemos es dejarnos llevar por la tristeza, pensar en todas estas criaturas como estrellas fugaces que brillaron un tiempo y se extinguieron sin más. Que las suyas fueron existencias breves y sin sentido que ya jamás podrán tener una segunda oportunidad.
Pues bien, algunos la tienen. Y te permiten tenerla a ti, con lo que todos salimos ganando.
Me explico.
Contemplando la tumba con el osito de peluche, me acordé de Chacal y de cómo Edward Fox usurpaba la identidad de un niño fallecido a poco de nacer para crearse una nueva, aprovechándose del limbo legal, con todos los documentos en regla.
Yo he hecho lo mismo. Fui al ayuntamiento de Pozuelo y pedí la partida de nacimiento de María González Cela. El resto fue pan comido: DNI, pasaporte, tarjetas de crédito...
De modo que ya no soy David Pallol, sino María González Cela.
No, no se trata de transexualismo tardío. Si fuera eso, ya habría contactado con la Junta de Andalucía para que me subvencionaran la operación.
Tan sólo es una estrategia de supervivencia.
Estoy condenado a muerte en siete sistemas solares, y esto, al menos, me dará un respiro por algún tiempo.

lunes, 16 de junio de 2008

Camposanto multiculti


Hollywood (y más concretamente Spielberg) ha contribuido a variar el folclore de los cementerios: antes de "La lista de Schindler", nadie dejaba piedras sobre las tumbas.
Es un detalle que enriquece.
Y conmueve.
Shalom.
Aunque por las fechas de nacimiento lo más seguro es que sean padre e hija, a mí, que soy un romántico, me gusta pensar que se trata de un matrimonio de condes polacos exiliados por la revolución bolchevique.
Para muchos, los polacos son unos seres rubios y de pómulos marcados que empezaron a subirnos las bombonas de butano no hace muchos años...
La realidad es otra. Los Mozarovski fueron pioneros de una invasión silenciosa. Los primeros inmigrantes eslavos de Springfield.
Por cierto, no recomiendo a nadie tratar de pronunciar los apellidos del señor Boris con un polvorón en la boca.
Yo y mis estúpidos juegos autodestructivos...

Este panteón, por el apellido, pertenece sin duda a una familia oriental, probablemente la primera que abrió un restaurante chino en Pozuelo (no es coña, existe y mis padres son vecinos suyos, ya superintegrados).
Conociendo a esta gente, para la que una rata trae suerte, un crisantemo felicidad y una carpa tuerta representa prosperidad duradera, el repollo (o coliflor) que hay sobre la puerta puede simbolizar cualquier cosa.
O lo mismo es un modesto monumento a esa ensalada de col china que les hizo millonarios...



Paseando abrumado entre una maraña de cruces e ídolos cristianos, di con esta tumba del todo original y refrescante como un aliento mentolado.
Al principio pensé que era una especie de "Say I'm your number 9..."
O que ese había sido su número fetiche a la hora de jugar a la lotería o a los ciegos.
O el que había lucido en su camiseta del equipo de rugby o balonmano con el que había entrado incluso en la categoría profesional...
A uno, a veces, le molesta sobremanera no disponer de más pistas.
Hasta que me arrimé y leí el texto de la lápida.
Se me desencajó la mandíbula ante la inusual propuesta.
Me hallaba nada menos que ante la respetable tumba de una seguidora del oscuro y minoritario culto a Baha'u'llah.
En la lápida reza:
"REZVANEH OBBADI.
1-5-1919 1-7-1983 (8-6-140)
SERVIDORA DE BAHA'U'LLAH
ENVIADO DE DIOS PARA ESTA EPOCA"
¿Es posible dar con algo más desafiante y exótico en un cementerio tan nacional-católico?
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Lo que inevitablemente me lleva a una reflexión...
Quizá estas fotos constituyan signos de los tiempos que están por venir. La diversidad cultural, esa aberración para muchos, ha llegado a los cementerios.
Y parece que lo ha hecho con la intención de quedarse. A eso tendemos: a cementerios neutrales, abiertos, tolerantes, donde tenga cabida de todo. Yo al menos sueño con algo así, una nueva era del hombre sin apartheid post mortem, donde no te segreguen por tus creencias religiosas, o ausencia de ellas, en un cementerio civil, católico, judío, británico o musulmán.
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En la nueva era de la humanidad, todos tendrán cabida en el mismo recinto. Y que cada cual haga de su tumba un sayo, mientras no ofenda seriamente a nadie ni invada el terreno del vecino.
Será un mundo de cementerios sin restricciones. Podrás poner, encima de tu tumba, una cruz, la media luna o un traje de Chanel. O incluso un Mazinger Z de piedra en posición de puños fuera.
Se abre ante ti un mundo de posibilidades creativas. Podrás envolver tu lápida con una funda de macramé. O colocarle unos neones, como si fuera la entrada a un prostíbulo barato. O una videoinstalación con un montaje de distintos momentos grabados de tu vida... Como si no se quiere poner nada. Al gusto de cada cual. Sin presión.
Por qué no ser libres entonces, cuando la muerte ya nos ha liberado de todo. Es una incongruencia total.
Yo al menos sueño con cementerios así, que muestren la riquísima variedad humana. Si hay algo que detesto de los cementerios, especialmente los españoles, es que sean tan monótonos y uniformes.
Y tan católicos...

lunes, 9 de junio de 2008

Frases lapidarias

(Subtítulo para sordos: campanas tocando a muerto)

A recitar preferentemente con una calavera en la mano.

Pues te vas a jartar de dormir, bonita...

Amén.

Sin palabras.
Es un consuelo saber que ya se lo llevó dios de este mundo miserable lleno de hijos e hijas de la gran puta.

La cita pesimista/existencialista que no falte. Parece Whitman pero no: después de googlear la frase entera, he descubierto que es de Isaías (40,6).

Quelle sensibilité, poeta tenía que ser.

Esta última frase es tan ambigua que no sé cómo tomármela.

Lejos de trasmitir buen rollo, como que algún día en algún lugar nos volveremos a ver, tiene un tono de chulería que, si eres muy susceptible, puede llegar a violentar.

Es muy probable que su intención no fuera esa, más bien todo lo contrario, pero el efecto que causa al leerla es intimidante y macarra.

Más que a promesa o esperanza suena a amenaza, como que el fulano, nada más verte salir del túnel de luz, te va a partir la cara a hostias...