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jueves, 5 de enero de 2017

El año en que morimos de cuñadismo


También conocido como 2016. Un año cenizo. Nefasto. A veces terrorífico. Un verdadero annus horribilis para la humanidad, más que eso, una ordalía.
En el que, para colmo, no han dejado de resonar en el ciberespacio español una serie de frases hechas, como esas locuciones grabadas que se repiten hasta casi volverte loco: 'Gracias por mantenerse a la espera. Su llamada será atendida en breve'.


Es fácil explicar este fenómeno: hay frases que se convierten ellas mismas en memes.
También tienen mucho que ver con el zeitgeist, esto es, ese espíritu inefable que sopla en cada época y que alienta histerismos y hipsterismos varios.
Algunas de estas frases-meme son refranes, lo que proporciona al ciberespacio español un acogedor ambiente tabernario, y es fácil imaginarte a la gente posteando con un palillo de dientes en la boca.


Ha sido intención de este post recopilar las 10 frases-memes de ese-año-del-que-usté-me-habla, después de un rastreo intensito en dos filones inagotables: los comentarios de usuarios en FB y los de los lectores de diarios digitales.


Como que, en este sentido, la prensa on line vapulea por goleada a la tradicional, la impresa. Son casi lo mejor, los comentarios de los lectores, influyentes o no, anónimos o multinick. Yo es que me lo paso como un adultescente cazando pokemons.
Ha sido la gran aportación de la prensa digital, ese rico salseo en la disparidad de opiniones y la desvergüenza trolera en los comentarios a sus noticias.
Comparado con esto, ¿quién se acuerda ya de aquella formalísima sección de 'cartas al director'? Por favor, qué cosa más aburrida y triste.


Y aquí van por fin, sin extenderme más:
Las 15 frases estrella de la ciberesfera española en 2016:

1. A disfrutar lo votado. Lo gracioso es que es un reproche indiscriminado: sirve para cualquier votante, tanto para los peperos como los sosialihtah del susanato andaluz como los podemoides de los ayuntamientos del cambio.

2. Con Mahoma/Alá no hay huevos. Otra variante: 'Esto no hay cojones de hacerlo en una mezquita', con lo que ya estamos tardando en hacer un reality en el que los concursantes tengan que ejecutar una serie escalada de actos provocativos dentro de una mezquita, de la que irán siendo expulsados por una turba de imanes furibundos y barbudos si no superan las pruebas. Y el que gane, a las Barbados.

3. No hay más ciego que el que no quiere ver. Que España sin su refranero sería media España.

4. España país de pandereta. Aquí no sé qué pensar. Se supone que asociar nuestro país a este instrumento tan elemental y rustico es como algo negativo, pero me permito recordar que fue una humilde pandereta la que dio todo su encanto y dignidad al Dancing Queen de Abba. Esto aparte, un instrumento que George Michael meneaba de forma tan sexy no puede ser tan malo.

5. Ganas de reabrir heridas. Hay cosas más importantes de las que ocuparse. Siempre en el contexto de la aplicación de la Ley de Memoria Histórica, la apertura de fosas, los bebés robados y otros X Files de la historia reciente española.

6. La gente tiene la piel muy fina (variante: se la cogen con papel de fumar).  Todo hay que decirlo: describen una realidad. He visto rayas de cocaína más anchas que el umbral de tolerancia de muchas personas en las redes sociales. No sé si Clint Eastwood tendrá razón al decir que nos hemos vuelto unas nenazas, pero sí es verdad que antes la gente encajaba mejor que les pisaran el callo.


7. Donde no hay mata no hay patata. Más refranes. A veces tienes la impresión de haber parado a tomar algo en un bar de Talavera de la Reina.

8. Cuando el tonto coge el camino (o la linde) se acaba el camino pero el tonto sigue. Refranes non-stop. ¡No se quede sin el suyo! Yo personalmente esta pereza mental la entiendo: ¿para qué vas a aportar algo de ingenio propio al debate si ya cuentas con este vasto tesoro de sabiduría popular? Además de que son sentencias incontestables.

9. Esto es lo que produce el buenismo y el dejar entrar a todo el mundo. Que suelen ser también los que escriben esto: 'Que respeten las costumbres de mi país como yo en su país tengo que respetar las suyas.' El mismo nicho.

10. Ironía modo on. Al parecer, hay que hacerle ver a la gente que estás siendo irónico porque algunas personas no distinguen estas sutilezas y se lo toman todo al pie de la letra. ¿Te lo puedes creer? Pues sí. También lo usan los imbéciles que piensan que los demás somos incapaces de captar una ironía.


Más, por supuesto, un millón de frases con la palabra cuñado o cuñadismo en ellas, del tipo 'ya salió el cuñado', 'cuñadismo en estado puro' o, simplemente, 'cuñaooo'.



Por último, de entre todos los leídos en la prensa digital, quisiera destacar un comentario de Ramón Lamas en eldiario.es para el que va My choice award 2016:

'¿No es tan humano un culo bonito como una inteligencia brillante?'

No podría estar más de acuerdo.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Habana Riviera (57 años no es nada)



















"When marimba rythms start to play, dance with me, make me sway…"

En un escenario así es fácil dejarse mecer. Y eso que en la piscina del hotel Riviera ya no suenan las marimbas sino un popurrí de baladas en español -Luis Miguel, Maná, Juan Luis Guerra, Camilo Sesto-.
Música ligera de las dos orillas del charco para ambientar la piscina y empalagar los oídos de los que nadan en ella o se desperdigan ociosos a su alrededor.

Para disfrutarla no hace falta alojarse en el hotel: por 10 CUC puedes pasar el día en ella, y el precio incluye consumición en el bar. Es una visita que recomiendo porque la del hotel Riviera es una de las piscinas más bellas en las que he estado nunca, y lo dice un gourmet de las piscinas.
La piscina en sí, rellena de agua de mar y con su borde en zigzag, es una maravilla. Pero aquí es el entorno el que pone la magia. El hotel Riviera, atrapado en el tiempo como un insecto cuaternario en una gota de ámbar, es un escenario ideal para recordarte que en este mundo antipático todavía hay santuarios donde tumbarte perezosamente al sol entre destellos de teselas lapislázuli y empalagosas baladas en español.

Como decía Graham Greene en Nuestro hombre en La Habana, ‘La realidad en nuestro siglo es algo que no debe afrontarse’, y el hotel Riviera es el refugio perfecto.

"Like a lazy ocean hugs the shore, hold me close, sway me more…"





En uno de los lados de la piscina se levanta un trampolín monumental que es en sí mismo una obra de arte: parece una gran escultura abstracta. Desde la que te puedes tirar al agua, lo que añade al recinto una emoción extra y, de nuevo, recorriéndote el cuerpo, esa sensación de nostalgia.
Porque entonces te acuerdas de tantos veranos y piensas en lo mucho que adoras las piscinas con trampolín. 

La nostalgia es una emoción que el hotel Riviera sabe despertar en ti y con la que te arropa sensualmente, como la melodía de Dean Martin:

"Like a flower bending in the breeze, dance with me, sway with ease…"

A pesar de esos sentimientos de añoranza, es evidente que los tiempos han cambiado. No siempre para mejor. Los clientes ya no utilizan para cambiarse las cabinas de las galerías que rodean la piscina, como cuando el hotel fue inaugurado, allá en 1957
Aquellos eran buenos tiempos, comentaría suspirando el bueno de Dean entre canción y canción. 
El Caribe era conocido como el Mediterráneo americano y para los gringos La Habana no era sino la prolongación natural de Palm Beach o Coral Gables.

La vieja ciudad colonial se había trasformado en Habana Riviera, un holiday resort tropical cosmopolita y vibrante, rutilante de letreros de neón, modelado al estilo gringo a base de hoteles como los que podías encontrar en Miami o Las Vegas y los mismos antros y casinos, dirigidos además por la misma mafia.

Dentro del circuito continental del vicio, La Habana se convirtió en escala imprescindible, promesa de liberación para los turistas norteamericanos más depravados: aquí, cerca de casa, podían romper con los tabús que conformaban el carácter puritano de su país, donde imperaba la Ley Seca y el juego estaba prohibido. 


Con lo que la mafia norteamericana trasladó las ruletas a Cuba. 
Pensando precisamente en todo el dinero que iba a amasar con el casino (que la Revolución cerró solo dos años después), uno de los gánsters más prominentes, Meyer Lansky, fue el promotor del hotel Riviera. 
Fue su proyecto más ambicioso. También el más mimado: tiró la casa por la ventana; no escatimó en gastos.
Para Lansky, según cuenta su hija, el hotel Riviera era su bebé.

El proyecto original se debe a Philip Johnson, pero no fue realizado por desacuerdo con los inversores. 
En su lugar se contrató a una firma de Miami con experiencia en la construcción de hoteles, que resolvió el encargo con el repertorio de formas que se había hecho habitual en Florida a partir de las obras de Morris Lapidus.

Hoy permanece como uno de los edificios más espléndidos de la rica arquitectura de aquellos años en La Habana. 
Situado frente al mar, casi al final del Malecón, en el hotel abundan los mosaicos azules y los motivos marinos. 
Tiene una entrada espectacular con dosel, fuentes y esculturas y un interior decorado en su momento con obras de los mejores artistas cubanos.

Forma parte del horizonte de rascacielos surgidos en los años 50 a lo largo del Malecón y que ganaron para la ciudad un perfil moderno. 
La Habana se estaba convirtiendo en la gran metrópolis del Caribe, y se ponía de largo con un potente skyline frente al mar.

Los quince años de La Habana fueron los años 50, cuando era la niña bonita de América. Desde entonces todo fue marchitarse. 
El Riviera no puede quejarse: el tiempo lo ha tratado relativamente bien y conserva todavía gran parte de su atmósfera y refinamiento. 
El Hotel Riviera, a pesar de su edad, retiene todavía su carisma sexy y chic, como el mismo Dean Martin, otro cincuentón de muy buen ver:

"When we dance you have a way with me, stay with me, sway with me…"


Como una burbuja que ha sabido encapsular toda la magia y el glamur de entonces, este hotel tiene la cualidad de devolverte a los años 50, la última edad de oro de la ciudad. 
Una historia que además puede leerse en la fachada del hotel, que se abre a la piscina como un libro abierto.

Entregado a la melancolía en un escenario vintage tan bien preservado, uno se mete fácilmente en situación y hasta le parece que el mismísimo Dean Martin, con su esmoquin, su camisa con chorreras, su pajarita enorme y sus grandes gafas cuadradas de pasta, a lo Augusto Algueró, está cantando para ti allí mismo, en la piscina, contratado como entertainer del hotel.

Como tantas celebrities americanas de la época, Dean seguramente se aloje en el Riviera, en alguna suite. Hoy los que actúan en La Habana son Major Lazer y, en un concierto histórico, sus Majestades Satánicas . 
Tras muchas décadas de aislamiento, la ciudad regresa por todo lo alto al circuito de ciudades que debían pisar los artistas que querían triunfar en Hispanoamérica antes de la Revolución. 

Desde entonces, quién lo diría, han pasado 57 años, y los recuerdos del esplendor perdido se venden caros. En un puesto junto a la plaza de Armas, en La Habana Vieja, vendían una postal antigua del Riviera más fichas originales del casino por ¡100 CUC! El silbido que solté fue digno de Dean Martin. 
Fuera del hotel, la nostalgia no sale barata.

"Only you have the magic technique, when we sway, I go weak…"
























Es inevitable no menearse, no dejarse llevar por la música. Dean sabe manejar bien sus artes de crooner. Aunque nadie como su compadre del alma. Ese sí que era el número uno. 
Hablando de Frankie, dicen que está aquí en La Habana. Ha venido creyendo que va a asistir a un homenaje que le rendirán unos compatriotas italoamericanos. En realidad se trata de una cumbre secreta de los líderes del hampa, aunque él todavía no lo sabe.

Lo mismo Dean y él quedan después para correrse una buena juerga. Otro buen amigo de Frank, Lucky Luciano, se encuentra también en la isla, pero está demasiado ocupado con el cónclave que prepara en el hotel Nacional. Su intención es que los jefes de la mafia le nombren capo supremo, il capo di tutti capi.
  
Lucky Luciano terminó por caer, como también cayó La Habana en poder de los barbudos de Sierra Maestra
Ese mismo día, el día en que triunfó la Revolución, a la ciudad se le paró el pulso. El reloj se detuvo el 1 de enero de 1959 y, desde ese instante congelado, el holiday resort Habana Riviera, que hablaba sobre todo con acento americano, quedó en estado de letargo a la espera de tiempos mejores.

 “I can hear the sound of violins long before it begins…”

Hasta que eso llegue, que parece será pronto, el tiempo en el Riviera parece haberse detenido. 
Por eso te domina la nostalgia, porque te da la impresión de que alguien apretó aquí el botón de pausa en algún momento de 1959.


En el paisaje desvencijado y decrépito que ha sido La Habana desde entonces, el Riviera y su halo se conservan casi intactos, lo que resulta milagroso. 
Todavía funciona como hotel y, hace exactamente un año, lo estaban renovando. A la vez que sus relaciones con los Estados Unidos, inaugurado una nueva era y blablablá. 
¿Coincidencia? No lo creo. 
Un ciclo se cierra y vuelve a abrirse otro que ya es viejo conocido. 
Como si no hubiera pasado el tiempo.

Es la sensación que uno tiene tumbado en una hamaca del hotel Riviera mientras por los auriculares te canturrea un sugerente Dean Martin. 
Con la piscina de agua salada espejeando ante mí como un gin tonic al contraluz y la cerveza Bucanero a mi lado inusualmente fresca, me pongo las RayBan (lástima que no sean Wayfarer) y me siento parte del Rat Pack in Havana, la película que Frankie y sus colegas jamás llegaron a filmar sobre la que iba a ser una parranda histórica.


“Make me thrill as only you know how, sway me smooth, sway me now…”




















Aquí lo que parece mecerse es el tiempo, en un movimiento de péndulo que retorna, pese a la revolución, a la casilla de salida. Después de un break de 57 años, La Habana volverá a ser pronto un destino ideal de vacaciones en el Caribe para un turismo de masas con pasaporte USA.
El gobierno cubano ha declarado que no espera ‘oleadas de turistas americanos’, pero la suerte está echada: los van, literalmente, a invadir, dando rienda suelta a las ansias reprimidas durante tantos años. 
Aunque esta vez la invasión será pacífica y traerá un flujo de dólares.

Para eso han servido 57 años de revolución, te dices con desencanto; para que se repita el bucle. Bueno, para eso y para algo más: sin entrar en los logros sanitarios o educativos, la mayor victoria de la revolución cubana ha sido haber ganado definitivamente para su país la soberanía plena como nación y como pueblo. 
Les ha costado mucho dolor y sacrificio reafirmar su independencia frente a su vecino del norte, el bully del continente, que siempre ha tenido sus garras al acecho, abriéndose como garfios sobre Cuba
Nada que ver con la manera tan cool con que mueve las manos Dean:

“Sway me smooth, sway me now, you know how…”

















Aquí lo único que se mecen son las contradicciones. O las paradojas. Gracias a la revolución, los cubanos son por fin son dueños y señores de su destino. Aunque uno analiza lo que está por venir después de la visita de Obama y se pregunta hasta qué punto. 
Porque la pregunta doliente es qué país puede decir que es soberano hoy día, cuando en realidad no lo es ninguno: todos están supeditados a suprapoderes financieros y económicos. 
Uno entonces se hace una pregunta más doliente todavía, tantos años de revolución, ¿para qué?

La respuesta más sencilla, aplicando el principio de la navaja de Ockham, es que 57 años de revolución para nada. Para volver exactamente al punto de partida. 
Es una de esas jodidas ironías de la Historia, o quizá una sibilina venganza. 
Las cosas se quedaron en punto muerto en 1959 y el tiempo se ha limitado a esperar pacientemente, que para eso tiene todo el tiempo del mundo. 
Hasta el punto de que parece que no ha pasado. O que ha pasado y uno ni se ha dado cuenta. 
‘Ya es muy tarde para arrepentirse, son cosas que pasan…’, decía la letra de aquel bolero de Orlando de la Rosa. Lo sé, pero es todo muy turbador y muy confuso. 
Haz una Revolución para que, 57 años después, parezca que no ha pasado el tiempo
O que el país, simplemente, estuvo en ‘pause’.

martes, 6 de octubre de 2009

Huevos a pares

Este post va de huevos.
De los que han tenido algunos para volver a presentarnos como sede de los Juegos Olímpicos, sabiendo de antemano que la de Madrid era una causa perdida.
Y los que otros les echan para denunciar lo que no ha sido más que una aventura absurda y un derroche escandaloso.


Copio textualmente una carta de lo más lúcida publicada en 20 Minutos el martes 6 de octubre:

“¿Cuánto ha costado esta corazonada?
Bueno, pues aquí estamos, con el mismo discurso que hace 4 años, y los Juegos a Río de Janeiro, como estaba cantado. Y ahora, ¿qué?
¿No estaba superclaro que tras darle a Londres los juegos de 2012 era imposible que los de 2016 se los dieran a Madrid? ¿Qué pasa ahora con esos viajecitos del alcalde por todo el mundo a costa de la dichosa corazonada?
Para rematarla, se marcha todo el séquito a Copenhague ¡una semana antes de la decisión! Total, nada: hoteles, dietas, vino, jamón, cava, etc., y aquí en Madrid se hace otro montaje para seguir en directo el evento, que supongo que tampoco habrá sido gratis.
Bajo mi punto de vista, un auténtico escándalo, mientras el país soporta más de 4.000.000 de parados, subida de tasas (para mí, ya casi confiscatorias) y sarcásticas peticiones de solidaridad.
Agradecería al periódico que publicara lo que nos ha costado la corazonada imposible en estos 4 años, a ver si a alguien se le cae la cara de vergüenza.”

Juan Carlos Martín.

Pero no, a ese easy rider nocturno que es nuestro alcalde no se le caerá la cara de vergüenza; si acaso se le pondrá toda coloradota, que hay que ver cómo se ruboriza el hombre.
Por lo demás, don Alberto aguantará el tipo y aquí no ha pasado nada. El cinismo es virtud principal de todo buen político, y él ha demostrado ser tremendo cínico. O tremendo tonto, que yo no sé que es peor.
O a lo mejor se lo ha hecho, que es lo más probable, porque ya sabía desde el principio, casi al 100%, que con la candidatura de este año iba a hacer el primo.
De perdidos al río, debió de pensar, confiando como buen católico en un milagro imposible, pero mira no, al final lo que nos perdió fue Río.


Se tenía que haber hecho de otra manera, saltándonos quizá esta ocasión y esperando a la siguiente, en la que sin duda habríamos tenido muchas más posibilidades, liberados al menos de la Ley de la Deriva Continental que parece imperar en el COI.
Mientras tanto, nos habríamos preparado a conciencia, corrigiendo carencias, defectos y puntos débiles, reforzando la candidatura hasta lograr un dossier incontestable.
Pero Gallardón, más que esperar, ha ido a la desesperada, como un espalda mojada que intenta cruzar el Río Grande.
Lo que no se puede negar es que le ha echado un buen par de huevos. La suya ha sido una quijotada más en este país de quijotes, un empeño inútil que ha jugado en el proceso con la ilusión de muchísima gente y que ha supuesto, además, un despilfarro obsceno de dinero.
O una necesaria inversión inicial, desde otro punto de vista. Porque no nos engañemos: las Olimpiadas representan proyección y prestigio para una ciudad, pero también un negocio inmenso.
Con lo que iba a ser una fiesta para los de siempre que, con la excusa de los Juegos, se lucrarían a lo grande, repartiéndose el pastel entre trepas, oportunistas, amigotes, un cuñado y algún yerno.

El juego sería el de costumbre: que hay que contratar una empresa de eventos (como el montaje de la plaza de Oriente), pues nada, se le da a un socio mafioso y con bigote, que no veas cómo unta.
Que decidimos externalizar todos los servicios (seguridad, limpieza, parkings, hostelería, etc), cómo no vamos a dársela a empresas de la familia, esa que lleva tu sangre o la de algún don Vito engominado.
Después de los Juegos, es de prever que privatizarían los polideportivos y recintos construidos, como fieras neoliberales que son, en vez de revertirlo a los madrileños como patrimonio público.
Como tampoco se reciclarían en VPOs todos esos apartamentos para atletas de la Villa Olímpica. Seguramente, mediante otra alegre concesión, se adjudicarían a una inmobiliaria afín, que los pondría a precio de mercado, es decir, prohibitivo.


Pese a todo, me encantaría que algún día Madrid celebrara unos juegos olímpicos y se quitara por fin la espinita, pero después de ser más realistas y sopesar mejor nuestras posibilidades.
Y eso que a veces pienso que parece haber algo incompatible entre Madrid y la idea de celebrar unos juegos olímpicos. No sé, es como si fuera una batalla perdida, que aquí no hay carisma para eso, falta esa cualidad o ese espíritu deportivo.
O que simplemente Madrid no es una ciudad olímpica como tampoco es una ciudad gótica.
Es lo que yo he dicho siempre: si quieres gótico, vete a Burgos.

Yo con todo animo a Gallardón a presentarse de nuevo en la siguiente ocasión, que lo mismo se cumple el refrán y a la tercera va la vencida. Total, ¿cuántas elecciones lleva ya Rajoy intentando ser Rey de Uruguay? ¿O era prime minister de España? Bueno, qué más da.
Lo que quiero decir es que al alcalde quizá le falte ser más constante, perserverante, tenaz… Y otro buen par de huevos, eso por descontado, así que, con esa filantropía que me distingue, aquí le dejo yo unos cuantos bien hermosos y bien frescos, por si los suyos los tiene ya con puntillas de lo churruscados.