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lunes, 21 de noviembre de 2016

El sueño americano

'Americanos, blue jeans and chinos, Coke, Pepsi and Oreos...'

Siempre he tenido debilidad por esta rola de Holly Johnson, cuando dejó de cantar para FGTH y se lo montó en solitario. Me parece una parodia lúcida, bailable y divertida de lo que es el sueño americano, esa cosa mítica que ha llevado hasta allí a millones y millones de personas desde que se fundó el país. Todas querían alcanzarlo, disfrutar de su trozo de pastel.

'Existe un lugar donde un muchacho sin un centavo puede crecer y llegar a ser presidente...', comienza diciendo la letra. A día de hoy resulta mucho más irónica, cuando parece que ya solo pueden acceder al cargo los chicos millonarios de ricas familias. Pero es lo que tiene el sueño americano, que está disponible para todos, pobres y ricos, blancos, de tez morena o de color naranja. El sueño americano nació para no tener prejuicios. Y todo el mundo, en principio, debería tener derecho a él.
La letra sigue, hablando de Estados Unidos: 'Un reino mágico poblado por muñecas Barbie...' Como la modelo que aparece en el vídeo haciendo de azafata de concurso televisivo, Tracy Kirby, y que años después pasó tres años en la cárcel por hacer de correo de droga.
Es lo que tiene el sueño americano, ambivalente como todo, que también puede convertirse en la peor de tus pesadillas.



El American Dream tuvo una etapa pletórica y feliz, y por ello muy idealizada, que fueron los años 1950. La década que, con toda la intención, recrea el vídeo, que primero nos presenta a la típica familia blanca USA de clase media.
Su apellido Rockwell tampoco es fortuito: hace alusión a Norman Rockwell, el dibujante icónico del American Way of Life en las décadas de 1940 y 50.

Ninguno de los Rockwell tiene desperdicio: el padre podría trabajar de ejecutivo de cuentas en una agencia de publicidad, o quizá sea dueño de un negocio de coches de segunda mano. La madre es el paradigma de ama de casa conservadora, presbiteriana y de look clásico -collar de perlas y traje de chaqueta a lo primera dama- que vota republicano. La hija es una sana y rubia estudiante de look preppy mientras que el hijo es el típico nerd que o bien acaba en el MIT o en el Smithsonian Institute, de bibliotecario.

En torno a ellos, cocinándoles, sirviéndoles, limpiándoles la mierda, los Gómez, con Mamá Lupita al frente de una prole numerosa, sexy y alborotadora. Esta familia latina representa, frente a los aburridos y estirados wasp de los Rockwell, la savia nueva, el vigor renovado, la espontaneidad ruidosa, la chispa, la sensualidad, la alegría de vivir y la gozadera.
Justo la pasión latina y la sabrosura que le hacen falta a la hija Rockwell, que tiene toda la pinta de ser sexualmente frígida. Los Rockwell han perdido la vitalidad que a los Gómez les sobra. A los adocenados e insípidos Rockwell, los Gómez son lo más estimulante que les ha podido pasar en la vida.
Si esto no les convence, siempre puedes agitar ante ellos un buen fajo de billetes. El dinero en última instancia lo redime todo: que seas negro de gueto, chicano sin papeles o maricón de ceja depilada.
Los Gómez ganan el premio gordo del concurso de la tele y, ante la fuerza de persuasión de la guita, no hay más que hablar. De hecho, me gustaría presentarles a mi hija. Está en edad de casar, a ustedes les sobran los mozos y no sería mala idea lo de unir nuestras dos familias.

domingo, 28 de junio de 2015

Con Grecia




Los griegos fueron un pueblo de imaginación desbordante. Veían osos, leones, cisnes, gigantes, toros, escorpiones, donde nosotros vemos estrellas. Para los griegos los dioses eran como ellos, con los mismos vicios y virtudes, solo que inmortales y más poderosos. Gracias a ellos me puedo llamar cínico patológico. Y si tú eres un neurótico hipocondríaco que necesita terapia y tratamiento psicológico, que sepas que se lo debes todo a ellos. Respeto.

sábado, 15 de marzo de 2014

Me da miedo entrar en la cocina



Me da miedo lo que pueda haber,
Mi nevera se ha vuelto proactiva,
Dice que tengo que tomar la iniciativa,
Me dice que tengo que emprender...

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Se vende España, razón portería


Porque todo tiene un precio, no sé por qué has pensado que existe una excepción, cantaba Ariel Rot en Sacrificio. De esto hace ya unos añitos, pero está ahora más vigente que nunca.
A pesar de Jessie J, nos están colgando price tags por todos lados. Nada se libra. Todo está a la venta, todo se privatiza: tu línea de metro, tu plaza, tu centro cultural, tu agua, tu parque, tu bosque, tu museo, tu policía, tu sanidad, tu educación...

Y se convierte en marca: Vodafone Sol, Parque Nacional del Guadarrama-Iberdrola, Teatro Calderón Häagen-Dasz, Fuerzas de seguridad del Estado Eulen... Y algún día, por qué no, seremos ciudadanos de España-Coca Cola, registered trade mark, hidratando el Imperio desde que no se ponía el sol.
Parece una idea loca, pero no es tan descabellado: la línea que separa una línea de metro de un país entero, en realidad, es muy fina. Y el neoliberalismo, en su desvergüenza infinita, se atreve a eso y más.
Estos sí que serían capaces de vender a su propia madre.
Bueno, de externalizarla.


Me recuerdan a esos que veo en los supermercados, marcando los productos con una pistolita. A todo le cuelgan un precio.  La realidad no es más que un conjuntos de lotes y saldos, vendidos al mejor postor.
Y la marca España, apoyá en el quicio de la mancebía del libre mercado, es tan susceptible de ser comprada como todo lo demás.
Una marca, además, devaluada y hundida en una espiral de descrédito, con lo que es posible que despeñe su valor hasta convertirse algún día en el Ofertón de la Semana, llevésela por tanto y le regalamos un televisor de plasma-prime minister.

Sería entonces el momento ideal para que una multinacional imaginativa comprase la marca España para convertirla en su centro de operaciones mundial, cambiando la bandera por su logo y el nombre del país por Microsoftia o Googlelandia.
Qué situación ¿no? Pero espera, que todavía podemos darle otra vuelta de tuerca a esta visión distópica hasta hacerla realmente chusca: imaginad que, en vez de una corporación poderosa, es un multimillonario chino o ruso o de Dubai el que la compra.


Por supuesto, todos los periódicos de derechas lo celebrarían, sacando foto en portada en la que el magnate celebra su adquisición con botellas de champán, mujeres en bikini y tacones y peluquín un poco descolocado por tanta emoción.
Y lo celebran y lo saludan como al 'emprendedor internacional que va a rescatar España de su declive y desidia y la va a dinamizar y blablabla'. Para avalarlo citarán su extenso currículum de compañías prósperas e historial en reflote de empresas.

Lo que ellos no saben es que las cosas se acaban volviendo en tu contra. Porque ese señor, de repente, nos sale antojadizo y arbitrario y, en vez de dinamizar la marca España, lo que hace es ponerla patas arriba. Para empezar, le cambia el nombre. Por el de su hija mayor, Yulinka o Chai Wei o por el de Paella, su plato preferido.
En el caso del multimillonario ruso, probablemente nos transformaría en un Club Med para eslavos con factorías de vodka, casinos-lavanderías de dinero, prostíbulos por todas partes, matones con muy malas formas en todas las puertas y clubes exclusivos donde lucir un lujo obsceno.


Los rusos, en este sentido, son muy predecibles. No tanto los chinos, que mira que son misteriosos. Porque a lo mejor el multimillonario chino nos sale todavía más caprichoso que Sheldon Adelson y decide que la bandera de España le parece demasiado chillona, así que la sustituye por una foto de su cara.
Y ahí tienes el banderón de Colón remplazado por una enorme sábana con el retrato de Mr Wong Yei, sonriente y con un look muy chino, pelo anticuado con raya a un lado y gafas metálicas de montura cuadrada.


El chino, por supuesto, que es muy listo, es también el que comercializa las tiras con su cara para llevar en la muñeca y colgando del retrovisor del coche, con lo que además de redefinir las señas de identidad del país se está forrando.
El chino se acaba nombrando rey y le faltará el respeto a España y la llamará 'puta'. Y ante las críticas dirá: "La llamo como me sale de los lichis, que para eso la compré y es mía.'

Lo peor de todo es que el chino tendrá razón y nos tendremos que callar. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Para conocer la moraleja, hazte usuario Premium. Para todo lo demás, Mastercard.

Todas las fotos son de millonarios rusos.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

La venganza de Chávez


Viene a ser como la venganza de Moctezuma, pero en versión socialismo bolivariano.
Su propósito: dinamitar el sistema capitalista desde dentro, inundando nuestras calles y bolsillos de monedas de 1 bolívar que, como puede verse en las fotos, viene a ser casi exactamente igual a la de un euro.
Su valor, por el contrario, es insignificante, de apenas unos céntimos.

La situación es alarmante. De seguir la operación su curso, pronto no tendremos en los bolsillos más que bolívares mientras que los euros habrán desaparecido todos, y ya será el acabóse cuando, si ahora consumimos poco, no podamos consumir nada; será el colapso total de nuestra economía.
Chávez, en su agonía, se debe estar carcajeando.

Qué malvado es. Aunque yo nunca he acabado de tomármelo en serio. Será porque me recuerda a personajes de Tintín como el general Alcázar o el general Tapioca.
Es un poco caricatura de tebeo, con esos lambios bembones y esa boina de revolucionario, che.
Todo muy voluptuoso y envuelto en la sensualidad del trópico.


Pero lo que se le ha ocurrido es de genios.
Y yo, que cuando reconozco una obra sofisticada de maldad, me relamo de gusto, aquí estuve a punto de alcanzar un orgasmo.
Estaba embrujado con la fidelidad alcanzada con la réplica. Hay que fijarse muy mucho para diferenciar un bolívar de un euro. Son indistinguibles, como la magia de la alta tecnología.
Hasta en el tacto se parecen.

La jugada es perfecta. La estrategia, también: minar nuestra ya tocada por no decir hundida economía infiltrando masivamente monedas de 1 bolívar, sustituyendo un euro devaluado por un clon bananero.
Las están haciendo circular secretamente, con el fin de sabotear nuestro sistema saturándolo de chatarra inútil.


A mí ya me han dado gato por liebre. Son tan parecidas, prácticamente idénticas, que aunque mires por encima el cambio que te han dado para comprobarlo, pasa inadvertida.
O más bien camuflada, mimetizada perfectamente la cabrona, como un camaleón de cuproníquel, entre la calderilla de euros.

Sin embargo, no todo está perdido. Existe una esperanza de que estos planes diabólicos fracasen: la moneda de 1 bolívar, siendo casi gemela de la de euro, no ha pasado la prueba del algodón definitiva: intentar pasársela a los chinos.
No hay manera: la detectan enseguida.
A esta gente lo de las fechas de caducidad se les escapa, pero en esto son infalibles; yo creo que tienen un sexto sentido.

No sé a qué iluminad@ se le ocurrió aquello de 'engañarte como a un chino'. Me da la impresión de que no conoció a ninguno en su vida. Y desde luego, no lo tuvo de tendero.
Así que puede que después de todo estemos salvados, gracias a este olfato sobrenatural de los comerciantes chinos para detectar como sabuesos dinero falso o alienígena.

sábado, 13 de octubre de 2012

La gran evasión


Esto, qué quieren que les diga, tiene todos los signos de una estampida. General. A lo Jumanji. Esto es una desazón que no cesa, un sinvivir continuo, una incertidumbre que mata y un túnel negro en el que no se termina de ver la luz porque debe de ser como el de San Gotardo.
Ante esta situación, uno tiene dos opciones: adaptarse a vivir bajo esta presión o hacer la maleta y largarse. Y la verdad, como vivir bajo esta presión de fondo de océano estresa mucho, cada vez es más la gente que decide dejar un post-it de despedida en la nevera.

Con lo que el título de esta película del género de catástrofes, y no hablo de Lo imposible ni del coloso en llamas, es Sálvese quien pueda, todo un taquillazo pese a la subida del IVA.
No sabes las colas que se forman: frente a las oficinas de empleo, ante embajadas y consulados y ante los mostradores de facturación. Porque aquí el que no corre, vuela. Vía Barajas o cualquier otro aeropuerto que no sea de esos que han sido clausurados por su escaso tráfico aéreo o de los que jamás han visto un avión.
Yo creo, fíjate, que deberían habilitarlos, porque igual acaban haciendo falta.


Y es que esto es un éxodo de proporciones bíblicas. El ambiente es como de desbandada: el que no está ya en Alemania está en Chile o en Reino Unido o en Argentina.
Y los que nos vamos quedando aquí, más que identificarnos con las ratas que, precavidas ellas, han sido las primeras en abandonar el barco, nos sentimos como los músicos del Titanic, que estuvieron tocando el violín hasta el último minuto. Y francamente, no sé yo si tengo ganas de interpretar sinfonías mientras el barco se hunde.
Cada día me siento más como uno de esos survietnamitas que se agolpaban ante las rejas de la embajada norteamericana en Saigón esperando inútilmente y presa de la desesperación que uno de los últimos helicópteros que despegaban de allí lo evacuara.

 

El último que apague la luz, que la factura está cada día más cara, a ver si al volver nos vamos a encontrar con un recibo de escándalo. Eso si volvemos. De momento, la consigna es pirarse.
La gente está desquiciada por marcharse de aquí, y no puedes evitar sentirte como un idiota por no sumarte a esta gran evasión.
Es esa sensación de quedarte atrás, abandonado a tu suerte en un entorno apocalíptico, algo similar a lo del Rapto en el que creen los cristianos fundamentalistas.
Es, por poner un ejemplo gráfico, como cuando sales de una cena o de una fiesta en una casa de Torrelodones contando conque alguien te va a llevar a Madrid en coche y descubres que todos los que podían hacerlo se han ido ya.


Te sientes tirado. Jodido. Y con un gusanillo que cada día crece más. Aunque solo sea por seguir la corriente, por tu necesidad desesperada de pertenecer al grupo.
O influido por este estado de sicosis colectiva que es como una epidemia, un virus que ha hecho que, desde que arrancó la crisis, se hayan marchado ya a probar suerte al extranjero casi medio millón de personas.

Y no se van solo los jóvenes sin oportunidades, los profesionales cualificados, los científicos: también hemos perdido, estos tres últimos años, al 50% por ciento de los ricos.
Unos se van porque no les queda más remedio. El dinero, porque es más asustadizo que Scooby Doo. Y como esto es un sobresalto tras otro, se nos va a chorros: 163.000 millones de € han salido de España este último año.
Esto sí que es fuga, y no la de cerebros.


El dinero es lo que tiene, que solo se importa a sí mismo, por mucho que los que lo posean sean muy patriotas. La banderita queda muy bien en la ventana o colgando del espejo del coche, pero supongo que marcando cuentas corrientes en Suiza o las islas Caimán resulta bastante escandalosa. Como que no sé por qué insisten tanto en lo de 'Gibraltar español', si así perderían un paraíso fiscal.
El caso es que tenemos un número creciente de españoles emigrantes, buscándose un futuro por los cuatro costados del mundo y luego, los apátridas: ricos, empresas y capitales.

Pese a tan deprimente panorama, entre cerebros expatriados y fortunas sin patria ni madre ni perro que les ladre, me consuela saber que permanecerá aquí un puñado de personas que conservarán la esencia de España, ahora concentrada en ellos como en una megapearl: curas, toreros y el ministro Wert.
Uno, de una forma retorcida y extraña, se siente hasta aliviado.

viernes, 24 de agosto de 2012

Around Spain in one post










Esta es una de esas ocasiones en que no debes preguntarte qué puede hacer tu país por ti sino que puedes hacer tú por tu país.

La intención de este post, como la del ministro Soria, es fomentar el turismo interior por España, por aquello de llevar una alegría en forma de eurillos a tantos y tantos establecimientos hosteleros de nuestro país que han visto desplomarse la demanda nacional.

Estoy de acuerdo con el señor ministro. Nadie sabe lo que supone para ese bar en la carretera o justo a la entrada del pueblo, de camarero adusto, invadido por las moscas y cuyos expositores de cristal con las raciones sobre la barra no pasarían una somera inspección de sanidad, que pare una familia y comience a pedir botellas de agua y bocadillos.
Supone su agosto, ya que es el mes en curso. Y con esas inopinadas ganancias, lo que hará, seguramente, es comprar más merchandising para engordar la vitrina-homenaje a los viejos buenos tiempos del Caudillo...

Esto por la España interior, en cuanto a la costa... Al chiringuito de precios abusivos que invade ilegalmente 7 metros de playa y que tiene a la mitad de sus camareros sin contrato o con uno por menos horas, también le va a venir de lujo.

El ministro Soria tiene razón. ¿Para qué viajar fuera de España, qué hermosa eres, tan rica en tradiciones y festejos matavaquillas y donde brotan las caras de Bélmez por doquier?
Es que mira que somos esnobs, cuando aquí tenemos al alcance de la mano tanta variedad de tipos y paisajes, de la costa a la montaña, del regadío al secano, del payés levantino al gañán castellano, del pijo de Sotogrande al que veranea señorialmente en Santander.

Como también tiene razón al señalar ese aliciente extra que es que España sea un mosquito-free country: es verdad que aquí de esos bichos ya no quedan, porque las lagunas y marismas en las que vivían las han desecado para convertirlas en urbanizaciones y campos de golf.
En fin, una cosa por la otra, no sé por qué se queja la gente tanto del ladrillo, cuando el ladrillo se ha demostrado como el mejor Kill-Paff.
Y en cualquier caso, los que no mata el ladrillo, los mata el fuego.

viernes, 2 de marzo de 2012

H2O

A.k.a. agua, agua, agua, que baja por la montaña y nos refresca y nos ayuda a que pasemos la semana, que cantaba Ana Torroja en Ya viene el sol. Y ahora a ese mismo sol lo está tapando un nubarrón muy negro. Si nadie lo remedia, si nadie se lo impide, la Espe está dispuesta a privatizar el agua de Madrid.
A los italianos por lo menos, para una cuestión como esta, tuvieron la decencia de consultarles en referéndum. Y dijeron que no, por supuesto.

Que es lo que tendría que pasar aquí, y no permitir este robo y este escándalo. Y que no me vengan los de siempre con el argumento de siempre, que si una empresa pública es un ente perezoso y oxidado, un desastre de administración y eficiencia, un caos que acaba en hundimiento y colapso.
Pues qué quieren que les diga, a mí todo eso me suena más a Enro, Lehman Brothers, Nueva Rumasa y Viajes Marsans, todas empresas privadas. Y eso que solo he citado unas cuantas, así de las más recientes en quebrar.

Si me pusiera a hacer una lista exhaustiva de todas las que se han ido al carajo por una pésima gestión, desfalco, malversación, corrupción, ineptitud o desidia, este post mediría la distancia que hay de aquí a la luna, y puede que con billete de vuelta.

Hablando de eficacia, si hay algo que admiro de los voceros y cheerleaders de la Escuela de Chicago es su capacidad de intoxicación. A fuerza de repetirlos casi como doctrina oficial, sus mensajes han calado en el cerebro de la gente.
Como el de identificar empresa pública con peso muerto, con lastre ineficaz y poco rentable, con despilfarro, cuando no es más que una burda mentira: lo público, por lo general, funciona bien, y no reconocer esto es de miserables.

A mí por lo menos cualquier empresa pública me da mejor servicio que Movistar. Y puestos a pensar en cuevas de ladrones, me vienen muchos más nombres a la cabeza y, qué casualidad, todos de compañías privadas.
Que anda que no tardan en pactar los precios, con lo que el argumento que le gusta tanto a nuestra alienada lideresa, esa que gobierna entre deliriums tremens y manías persecutorias, de que liberalizar el mercado redunda en beneficio del consumidor al haber más competencia no se lo cree ni ella.

La gente debería ser menos tonta de los cojones y espabilar. Darse cuenta de una vez de que los neoliberales son un hatajo de sociópatas. Desmantelar lo público y convertirlo en negocio significa fulminar todo un tejido de cohesión social para repartirlo en dividendos, bonus inflados y jubilaciones millonarias.
Dando a la gente, por supuesto, un peor servicio, a ser posible deslocalizado para abaratar costes, ya se sabe, con lo que a lo mejor el agua, en vez de venir de la sierra, nos acaba llegando de Bangla Desh o de alguna provincia de China.

Y no quiero ni pensar en las condiciones fitosanitarias de ese agua china... Pero esta es solo una visión del futuro, si finalmente la lideresa tipití tipitesa y sus secuaces se salen con la suya.
Otra es que, si les dejamos hacer, dentro de poco habrá en Madrid tres tarifas para el agua: la Premium, la Medium y la PPLP (Potable Por Los Pelos), calidad más o menos aceptable según tu abono y, en cualquier caso, precios abusivos.


Teniendo en cuenta además que tratarán de rentabilizar la cosa con mínimas inversiones, con lo que al final, y para ahorrar costes, acabarán por no echarle ni flúor al agua. O dejar que se pudran las cañerías.
Ya hemos visto en Argentina cómo se las gastan los gestores privados de empresas que en su día no solo fueron públicas sino joyas de la nación o de la ciudad. Las convierten en bisutería, después de engordar obscenamente sus bolsillos.

Podemos olvidar muchas cosas, dónde hemos dejado las llaves, apagar las luces al salir o recoger los niños del colegio, pero lo que no se nos puede olvidar en ningún caso es que la empresa privada solo busca el beneficio más grosero.
El bien o el interés público se lo pasan por el arco de triunfo: aquí lo único que importa es ganar pasta.
Ya lo escribió en 1970 Milton Friedman, el gurú de la economía neoliberal: la única responsabilidad moral de una empresa es aumentar los beneficios de los accionistas.

Avisados estamos. Lo peor de todo, lo más bochornoso, será el proceso de privatización del Canal de Isabel II que será, cuando menos, altamente irregular.
Seguramente pasará como cuando Álvarez del Manzano privatizó los servicios funerarios de Madrid, que se lo vendió a unos amigotes por 60 céntimos.
Un precio simbólico para un lucrativo negocio, que si hay algo que la gente no va a dejar de hacer, con crisis o sin ella, es morirse.

Y esto, otro negocio redondo entre políticos apandadores, es lo que hay que evitar con el agua de Madrid.
Aquí la excusa de siempre, esa de que las empresas públicas son un desastre, no vale: el Canal de Isabel II es un modelo de gestión. Que además, oh milagro, es rentable para los madrileños. Si la privatizamos, en cambio, solo será rentable para unos pocos.
Mientras tanto, los demás racionaremos el agua (mala y cara) del grifo como si viviéramos en el África subsahariana. Olvidarnos entre otras cosas de la ducha diaria que, una vez más, lo de lavarse será cosa de ricos. A lo mejor vuelve hasta el piojo verde. Menudo panorama.


Y aunque la experiencia no sea tan amarga, sí que existen pruebas de que lo de privatizar el agua no ha funcionado. Como en París, por ejemplo, donde ahora se está dando el proceso inverso.
Así que, antes de escarmentar en carne propia lo que parece inevitable, hay que movilizarse. De momento se ha convocado una consulta social por el agua, con mesas donde votar en pueblos y ciudades de la Comunidad.
No se puede tolerar esta rapiña descarada del patrimonio de todos por una manada de hienas carroñeras. Nos venden lo público como sinónimo de ruina cuando para ellos, en realidad, significa ‘expolio’.


Yo procuro siempre que puedo recurrir al humor, pero este es un asunto muy serio. Los ciudadanos debemos trazar una línea roja. En un momento dado, si la lideresa no da su brazo a torcer y dudo que lo haga con esa soberbia que tiene, los madrileños, antes que permitir que se privatice el agua, deberíamos envenenarla entre todos.
Al agua, me refiero, no a la lideresa.
Esa tiene bastante con su propia hiel.

viernes, 3 de febrero de 2012

Todo tiene un precio


-Mire, si le parece bien, le voy a envenenar a su perro, le voy a estrangular a su madre, le voy a inyectar el virus del Ébola y, finalmente, le voy a defecar en la cara y mear en un ojo. Esto último solo por darme gusto.
-Hum... Y todo eso, ¿generará trabajo?
-150.000 empleos, entre directos e indirectos.
-Ah, pues entonces sí. Vamos, sin dudarlo.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Nación zombi


Eso es España ahora mismo, un país de muertos vivientes. Sin trabajo. Sin futuro. Desahuciados. Cadáveres ambulantes que se echan encima de los contenedores cuando cierran los supermercados, peleándose por la comida. Muertos que caminan gracias a la economía sumergida y los hurtos famélicos.

Pero no hay que desanimarse. Ya conocéis ese dicho, si la vida te da limones, hazte una limonada. Y si lo que te da son zombis, pues nada, te montas un gran parque temático. Y cuando digo grande me refiero a que ocupe toda España. Algo único en su género. Sin parangón. Una referencia mundial. La definitiva Zombilandia.

Hay que aprovechar dos cosas. La primera, que somos unos de los principales destinos turísticos. La segunda, que el de los zombis es un negocio que da mucha pasta. Muchísima.


Hasta el punto de que podría reflotar la economía del país. Si hay ahora mismo una industria floreciente, es la de los zombis. Podría suponer para nuestro PIB lo que Volvo, Abba e Ikea suponen para Suecia, o Nokia para Finlandia.

Además, la inversión inicial sería mínima. Los zombis ya los tenemos, 4.360.926 y subiendo. También los decorados: urbanizaciones fantasma, aeropuertos desolados, estaciones de AVE vacías.
Escenarios inquietantes donde se masca la amenaza, donde en cualquier momento una bandada de zombis puede surgir de la nada y atacarte para comerte el cerebro.


Dan asquito y miedo, vale, pero también dinero. Mogollón. Los zombis son muy rentables. Al menos para Estados Unidos, que es el país que mejor ha sabido explotarlos. Sí, el mismo país donde una foto de Obama tuneado como zombi ha causado un gran revuelo.

El que hizo ese cartel fue un visionario: después del hito de un presidente negro, seguramente venga otro más importante, y será el del primer presidente zombi en la Casa Blanca. Con la garantía además de sanear la economía con todos los royalties que generan.


No exagero. Según un estudio de la web financiera 24/7 Wall Street, los zombis aportan más de 5 mil millones de dólares a la economía norteamericana.

Aquí están las cifras desglosadas:

Películas: 2.500 millones de dólares.
Videojuegos: 2.500 millones.
Cómics, revistas, televisión: 50 millones.
Disfraces de Halloween: 500 millones estos cuatro últimos años.
Libros: 100 millones.
Merchandising: 50 millones.
Convenciones, eventos y zombie walks: 10 millones.
Mundo digital: 10 millones.
Música: 10 millones.
Arte: 10 millones.


Los números cantan.
Así que por favor, vamos a dejarnos de chorradas y la próxima burbuja, que sea de zombis.

domingo, 3 de abril de 2011

Mardito parné


Algunas de las nuevas divas del pop parecen estar cerrando un círculo cansino y bastante vicioso. Un ciclo que se abrió a finales de los 70, cuando ya definitivamente se apagaba la resaca hippie y contracultural de la década anterior.
Justo el momento en que irrumpió el hedonismo de la era disco como etapa de transición en el viaje al otro lado del espejo. En este sentido, los Abba fueron visionarios. Su hit 'Money, money, money' ya anunciaba lo que estaba por llegar poco después, en los 80: la comuna daba paso a la avaricia y los nuevos tótems se erigían para ser reverenciados por la masa:
Gordon Gekko, Wall Street, Giorgio Armani, Patrick Bateman, Mario Conde, los yuppies y Margaret Thatcher, que lanzaba consignas como esta: "Quien con más de 30 años utiliza el trasporte público, es un fracasado."


El mensaje caló y los nuevos mantras pasaron a ser 'la codicia es buena' y 'compro luego existo'. Una tendencia que en estos últimos años ha llegado al paroxismo y que al fin parece que se está invirtiendo o, al menos, cuestionando.
Algo a lo que sin duda ha ayudado esta crisis galopante.

Después de años de consumismo desaforado, de furor por la estética bling, de realities en MTV en la que una manada de muñecas hinchables querían ser la mejor amiga de Paris Hilton, después de conocer los excesos de nuevo rico de los Beckham, y por extensión de todas las wags, después de años de cultura del pelotazo, de especulación salvaje, de tanto tienes, tanto vales, de vídeos de artistas negros en los que, para demostrar que han salido del gueto, hacen chillona ostentación de todos los símbolos de estatus (ropa cara, mucho oro, cochazo y pibones), parece que por fin ha llegado el hastío.
Y la música pop, una vez más abanderando tendencias, ha sido su heraldo.
Las señales han llegado por medio de un par de canciones clarividentes.


La primera en expresarlo fue Lilly Allen, en 'The fear'. La letra es, aparentemente, el manifiesto vital de una popstar que compite por ser la más frívola y petarda. Nada más empezar suelta la primera perla: "Quiero ser rica, quiero montones de dinero. No me preocupa el ser lista, no me preocupa el ser graciosa".
A esta le siguen otras: "Soy un arma de consumo masivo, pero no es mi culpa, es como estoy programada para funcionar."

Pero de repente llega el estribillo y la mueca de miedo e inseguridad aflora cuando reconoce: "Ya no sé lo que está bien y lo que es real, ya no sé qué debería sentir, cuándo crees que se aclarará esto, porque el temor se está apoderando de mí."

Como para confirmar esta sensación de confusión y vacío, la melodía de fondo es tremendamente melancólica. En contraste con el cinismo rampante de la letra, si hay algo que trasmite es desencanto. Lilly pregona algo que en el fondo no termina de creerse, aunque pretenda lo contrario. Y lo expresa con una infinita tristeza.

Cuando oí The fear por primera vez, pensé dos cosas: la primera, que es el mejor tema que ha escrito. La segunda, que algo estaba empezando a cambiar. Convencido además de que la letra reflejaba algo mucho más extenso, un sentir más colectivo: Lilly Allen ha sido, como pocas, una voz generacional.



En esta denuncia del consumismo idiota y el culto impío al dinero, le ha tomado el relevo estos días otra cantante británica, Jessica Ellen Cornish, más conocida como Jessie J. Y lo ha hecho con un tema, 'Price tag', que ya incluí en mi entrada anterior.

"Parece que todo el mundo tiene un precio -canta Jessie J-; me pregunto cómo pueden dormir de noche, cuando las ventas son lo primero y la verdad lo segundo..." En el estribillo proclama: "No es sobre el dinero, no necesitamos vuestro dinero, solo queremos hacer bailar al mundo y olvidarnos de la etiqueta del precio."
Destaco unas frases más: "Por qué está todo el mundo tan obsesionado, el dinero no puede comprarnos la felicidad, ¿no podemos desacelerar y disfrutar del ahora? Garantizado que nos sentiremos muy bien."


La chica, compositora de talento y con un estilazo alucinante, sufrió un derrame cerebral con 11 años, lo que seguramente le abrió una perspectiva nueva. Es lo que suele pasar tras vivir una de estas experiencias: que aprendes a valorar lo realmente importante.

Y alguien me dirá: 'Boberías, no se puede ser tan cándido. Si hay algo que da la felicidad, es el dinero.'
Es probable, no lo niego, pero hasta cierto punto. Porque me permito recordar que la que fue la mujer más rica del mundo, Christina Onassis, fue también, mientras vivió, la mujer más desdichada del planeta: pasó toda la vida amargada y deprimida, luchando contra la báscula y sus adicciones, sintiéndose una desgraciada en el amor... De hecho se intentó suicidar varias veces, pero su fin fue más patético: acabó muerta en una bañera, infartada por un atracón de pastillas para perder peso.

Mi madre nunca lo entendió. Siempre lo decía, "Hay que ver esta mujer, que lo tenía todo."
Lo que quizá solo confirme una cosa: que al final los extremos se tocan, y llega un momento en que viene a ser lo mismo tener todo y tener nada.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Parientes en venta


Son tiempos duros, lo sé, lo sabes, lo sabemos.
Y también que hay personas totalmente carentes de escrúpulos que serían capaces de vender a sus madres (los chinos de las tiendas, sin ir más lejos, si no fuera porque les sale más a cuenta tenerlas trabajando 18 horas diarias).
No obstante, para los que todavía conservan alguno y se las ven y se las desean para pagar la hipoteca o llegar a fin de mes, aquí tienes un seguro que te da la opción de vender a tu prima previa tasación.
Así que piensa en el ramillete de hijas de tus tías, que seguro que encuentras alguna de la que poder desprenderte sin muchos remordimientos y por la que además, si tiene buena dentadura, está entera y sana, te pueden dar un buen pellizco.
Luego es cuestión de proponérselo, a ver qué le parece.
Claro que corres el riesgo de que te diga lo que aquel pastor de cabras griego le decía a su pariente en EEUU:
"Esto es ridículo, primo."
O a lo mejor, quién sabe, se presta encantada.
Tal como están las cosas, un dinerito extra no viene nada mal, y tú por probar no pierdes nada.

jueves, 24 de enero de 2008

Noticias alucinantes (V)



UN SANDWICH CON LA IMAGEN DE LA VIRGEN VALE 21.500 EUROS.


Hace diez años, Diana Duysler, que en la actualidad tiene 52 años, descubrió que el sándwich que se disponía a comerse, y al que ya había dado un bocado, tenía grabada la imagen de la Virgen María.

Aunque en un principio Diana guardó la noticia para sí, descubrió que desde que dio aquel bocado habían nacido en ella ciertos poderes que antes no poseía. Dichos poderes le hicieron ganar más de 53.000 euros en el casino en los últimos años...

Pero la noticia más sorprendente es que durante todo este tiempo el sándwich no se ha corrompido, por lo que su propietaria ha decidido compartir su secreto con todos. A tal fin decidió subastarlo por Internet, logrando que llegara a valer 21.500 euros.

sábado, 1 de diciembre de 2007

California dreamin'


Durante los años 30 del pasado siglo, el magnate cinematográfico Louis B. Mayer instaló 20 toneladas de nieve artificial alrededor de su casa, en la playa de Santa Mónica, para que su familia pudiera disfrutar de unas navidades blancas.

MORALEJA:
Puede que el amor lo conquiste todo, pero el dinero vence hasta al clima.