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jueves, 4 de junio de 2015

Cuestión de higiene


La derecha de este país es siempre muy predecible cuando pierde las elecciones. Llevan reaccionando igual desde los años 1930; no han cambiado gran cosa. Por algo son conservadores. 
No deja de ser un consuelo, en un mundo tan inestable como este, que al menos entre esta gente las tradiciones permanezcan inmutables. 
Como la de negar toda legitimidad a los resultados electorales cuando favorecen a la izquierda; son capaces para ello de inventar las cosas más disparatadas. Es una vieja tradición, ya digo, porque, al parecer, la democracia solo está bien si la ganan ellos; lo contrario es una provocación.


Es lo que pasa cuando la chusma olvida dónde está su sitio natural. La izquierda no está legitimada para detentar el poder simplemente porque no le corresponde. El poder en sus manos es expropiación.

Así se agarran luego esos berrinches. Espectacular el de la Aguirre, un poco sobreactuado para mi gusto. Ella, que se creía imbatible, ha tenido que soportar el anda y que te ondulen de muchos votantes. Pero qué ingratos y qué desleales, cómo está el servicio, pensaría. Y en un acto público de despecho sin precedentes, torre de soberbia herida por el rayo del plebiscito popular, vaticinó el hundimiento de la democracia occidental a manos de Podemos.



Los Jinetes del Apocalipsis iban a ser Iglesias, Errejón, Ada Colau y, sobre todo, Manuela Carmena, su némesis, su antagonista en esta tragedia política que debería ser representada en el teatro romano de Mérida o recreada en una serie por la BBC, en plan Yo, Claudio.  Es que Esperanza Aguirre es muy Mesalina.

Lo que no puede ser es tan posesiva, tan egoísta. Que otra candidata le pueda quitar el sillón de la alcaldía no es como cuando los colonos blancos usurpaban la tierra sagrada de los indios, por mucho que ella lo sienta así. Las urnas tienen estas cosas; es la dinámica natural de la democracia. Es como las listas de éxito: lo mismo eres número uno que estás abajo del todo. 
La gente en Madrid, sencillamente, tenía ganas de cambio, después de 25 años de gobierno del PP en el ayuntamiento.  Por pura higiene democrática. Además, cuando el ambiente está ya muy viciado, es lo más conveniente.


A las personas de derechas, sin embargo, parece preocuparles más la higiene corporal del adversario. En esto sí que son escrupulosos. Y es como una obsesión. Sobre todo con el pelo. A veces da la impresión de que, para ellos, es lo único que importa.  

En este sentido, si hubo una mártir de sus propios pelos, fue la ministra socialista Leire Pajín
Voy a reducir a dos el millón de improperios que oí entonces: ¡Que se lave ese pelo! ¡So guarra! Era la forma preferida de desacreditar su gestión. 
Yo me fijaba y me fijaba en la Leire porque claro, si daban tanto la chapa con eso es que esta mujer lo llevaba apelmazado de mierda, y tampoco era así. Menuda exageración. 
Si por algo se podía criticar el pelo de la Pajín era porque, en comparación con el de Rosa Díez, María Teresa Fernández de la Vega o Pilar Rahola, resultaba muy aburrido.



A Pablo Iglesias le han machacado por lo mismo, el pelo. Reconozco que entró en escena provocando, con esas greñas y esa cola de caballo tan demodé, tan Miami Vice. Con lo que se lo puso en bandeja a la derecha rampante: ¡Lávate ese pelo, guarro! fue, de nuevo, el grito de guerra cuando tampoco era cierto: Josie, ese gurú, ya dijo en Zapeando que, por lo que él se había fijado, Pablo Iglesias llevaba su coleta muy limpita.

Pero es que ser rojo, por lo visto, es incompatible con el uso de gel y champú. Como que hay una ley cósmica y no puede ser. Los rojos son sucios. Y deformes, y feos. 
Parece que es genético o algo, ya estuvo experimentando el insigne doctor Vallejo Nájera aunque sin llegar a resultados concretos.


Son inframundo, infragente. No saben lo que es el decoro. Ni la limpieza. Por eso a los del 15M los etiquetaron enseguida de perroflautas a los que les olía demasiado el sobaco. 

‘Esa gente, los de la Puerta del Sol, lo que necesitan es una ducha’, decían en sus programas, entre grandes risotadas autocomplacientes. Y entrevistaban a la momia de Arturo Fernández, que entre chatina y chatina contaba que se había pasado por Sol y que allí lo que había visto era gente muy fea.



Eso, eso: feos al paredón. Por eso fusilaron a tantos. Desde luego, nada como oler a Loewe. O a Álvarez Gómez. Pero todo eso es muy superficial. La higiene que la gente demanda ahora no es la corporal, sino la de unas instituciones tomadas al asalto por gente muy sucia por mucho que huelan y vistan bien. 
Si hasta han cambiado entre nosotros el estereotipo de delincuente. Ya no es la imagen de un yonki desesperado con chándal mugriento sino la de un caballero elegante, con gomina, chaqueta y corbata.

Más el toque definitivo, tan de bandolero español, de la patilla de hacha.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

La venganza de Chávez


Viene a ser como la venganza de Moctezuma, pero en versión socialismo bolivariano.
Su propósito: dinamitar el sistema capitalista desde dentro, inundando nuestras calles y bolsillos de monedas de 1 bolívar que, como puede verse en las fotos, viene a ser casi exactamente igual a la de un euro.
Su valor, por el contrario, es insignificante, de apenas unos céntimos.

La situación es alarmante. De seguir la operación su curso, pronto no tendremos en los bolsillos más que bolívares mientras que los euros habrán desaparecido todos, y ya será el acabóse cuando, si ahora consumimos poco, no podamos consumir nada; será el colapso total de nuestra economía.
Chávez, en su agonía, se debe estar carcajeando.

Qué malvado es. Aunque yo nunca he acabado de tomármelo en serio. Será porque me recuerda a personajes de Tintín como el general Alcázar o el general Tapioca.
Es un poco caricatura de tebeo, con esos lambios bembones y esa boina de revolucionario, che.
Todo muy voluptuoso y envuelto en la sensualidad del trópico.


Pero lo que se le ha ocurrido es de genios.
Y yo, que cuando reconozco una obra sofisticada de maldad, me relamo de gusto, aquí estuve a punto de alcanzar un orgasmo.
Estaba embrujado con la fidelidad alcanzada con la réplica. Hay que fijarse muy mucho para diferenciar un bolívar de un euro. Son indistinguibles, como la magia de la alta tecnología.
Hasta en el tacto se parecen.

La jugada es perfecta. La estrategia, también: minar nuestra ya tocada por no decir hundida economía infiltrando masivamente monedas de 1 bolívar, sustituyendo un euro devaluado por un clon bananero.
Las están haciendo circular secretamente, con el fin de sabotear nuestro sistema saturándolo de chatarra inútil.


A mí ya me han dado gato por liebre. Son tan parecidas, prácticamente idénticas, que aunque mires por encima el cambio que te han dado para comprobarlo, pasa inadvertida.
O más bien camuflada, mimetizada perfectamente la cabrona, como un camaleón de cuproníquel, entre la calderilla de euros.

Sin embargo, no todo está perdido. Existe una esperanza de que estos planes diabólicos fracasen: la moneda de 1 bolívar, siendo casi gemela de la de euro, no ha pasado la prueba del algodón definitiva: intentar pasársela a los chinos.
No hay manera: la detectan enseguida.
A esta gente lo de las fechas de caducidad se les escapa, pero en esto son infalibles; yo creo que tienen un sexto sentido.

No sé a qué iluminad@ se le ocurrió aquello de 'engañarte como a un chino'. Me da la impresión de que no conoció a ninguno en su vida. Y desde luego, no lo tuvo de tendero.
Así que puede que después de todo estemos salvados, gracias a este olfato sobrenatural de los comerciantes chinos para detectar como sabuesos dinero falso o alienígena.

martes, 2 de octubre de 2012

Bonjour, tristesse



Ante mí se despliega el mismo paisaje de siempre. Tan familiar. Tan deprimente. Tan sórdido.
Edificios feos, impersonales, colmenas humanas. Una atmósfera sucia y plomiza. Ulular y destellos de sirenas: antidisturbios, ambulancias, lo de siempre.
Helicópteros de la policía sobrevolando aquí y allá, rastreando la trama urbana con unos reflectores fantasmales que cortan con facilidad el aire espeso y tenebroso.
La ciudad se despereza con la música de un depósito de chatarra. Y por todas partes, pintadas de resistencia.
Buenos días, Neomadrid.

sábado, 19 de enero de 2008

Crímenes benditos


"Desde la oscuridad total, encapuchados y engrillados, ese día los prisioneros escuchaban que eran llamados por el número asignado a cada uno.

Los elegidos no sabían que iban a los vuelos de la muerte, invento de la marina de guerra que consistía en arrojar a los condenados al mar desde un avión.

Este método de exterminio se acordó, previa consulta a la Iglesia católica, como la forma más cristiana de acabar con los opositores a la dictadura."


(De un reportaje sobre los desaparecidos en Argentina)