sábado, 26 de julio de 2014

El gurú y su antigroupie


Quien me conoce sabe que los oficios religiosos y yo tenemos una orden de alejamiento emitida por un juez presbiteriano de Kansas. Y como te digo oficios te digo cualquier cosa relacionada con esta superstición idiota que no acabamos de superar.
Pero un amigo mío que hace años se hizo Krishna me convenció para ir al edificio de Tabacalera, a participar en un debate en el que intervendrían un gurú de los suyos y Leo Bassi en representación de su Iglesia Patólica, en una especie de Religiones Death Match.
Para ser sincero, fui atraido única y exclusivamente por la intervención de Bassi. Quería saber si con otras religiones era igual de cáustico y provocador como lo es con la católica. Lo fue. Claro que, para provocador, ahí estaba yo.

Hubo un momento -ay perdición- en que decidí participar y me pasaron el micro.
Controlando el pánico escénico ante un auditorio nutrido, sabiendo que tampoco podía alargarme demasiado, solté una arenga atropellada en la que básicamente el mensaje era este: entiendo que las personas tienen una necesidad espiritual, y que dentro del género humano es una necesidad que yo he visto siempre más acusada en las mujeres, por el motivo que sea, aquí no voy a entrar, pero que en cualquier caso, lo que teníamos que hacer todos era evolucionar mentalmente, dejar atrás de una vez el pensamiento mágico, madurar como especie y aceptar que lo único que sabemos que existe con toda certeza, más allá del misterio que todavía encierra, es este mundo y esta existencia y que tampoco tenemos que buscarle un sentido especial o un propósito.
Y que, desde luego, no necesitamos a ningún dios para ser mejores personas.


Hasta aquí, a grandes rasgos, lo que dije.
No esperaba un 'amén' unánime del público pero sí que recuerdo algún aplauso. Pero ay amiga, para qué diría nada de las mujeres, aunque fuera desde un punto de vista estrictamente social o antropológico.
De todo lo que pronuncié, solo había calado mi afirmación al vuelo de que las mujeres parecen tener una necesidad o una inquietud espiritual mayor que los hombres.
La primera que intervino con fiereza de leona herida fue una chica cubana que, rugiéndome brava, me dijo que yo no tenía ni idea de las necesidades de las mujeres como especimen de macho que era.

Ante esto, mi reacción fue enarcar una ceja y a punto estuve de exclamar, con mi más refinada pluma británica a lo Noel Coward: 'I beg your fucking pardon? Moi, especimen de macho?' Quiero decir, técnicamente sí. Pero me parece que me tomó por algo que definitivamente no soy.
Menos mal que no llevaba una bufanda del Madrid y una cerveza en la mano, si no habría habido un incidente diplomático serio con la isla caribeña.



Como también tenía razón la cubana -cómeme el coño, negro, qué clásico- al decir que yo ignoraba las necesidades de las mujeres. Si se refería a las sexuales, no podía estar más de acuerdo.
El caso es que a la cubana le siguieron otras mujeres igualmente ofendidas e indignadas. El comentario que sobre ellas hice en mi discurso eclipsó por completo el resto. Parecía no haber dicho otra cosa. De repente, yo era un cerdo machista retrógrado, brutal y salvaje. Y no exagero.

Como no me volvieron a dar el micro para defenderme o matizar ('Ese no es el debate', me decían), creí conveniente acercarme a la cubana para hacerlo personalmente.
Su reacción me dejó helado: reculó con cara de tremendo asco, como si yo le fuera a sobar las tetas o a agredir. Lo pasé por alto y aun así intenté hablarle, pero volvió a hacerme la cobra con la misma cara de tener ante sí a un repugnante violador de Ensanche o ascensores.

A punto estuvo de darme un arranque de soberbia de los míos y mandarla a tomar por culo, pero me contuve porque no era cuestión de caldear más el ambiente y la cubana ya tenía el temperamento bastante tropical.
Le dije 'encantado' a dos metros de distancia mientras ella no dejaba de bufarme, me volteé y me senté, proponiéndome pasar inadvertido lo que quedara de debate.



Pero no pudo ser. El auténtico provocador de la velada estaba por llegar, y fue, tachaaaáan, el mismo gurú, que hasta ese momento había hablado acaramelado y pastelero, que me subió hasta el azúcar, inofensivo, en flor de loto y con una excelente cobertura wi fi de armonía con el cosmos.
De repente va y suelta que el ateísmo es una cosa muy mala. Malísima. La peor desgracia que se puede abatir sobre la humanidad. Mira lo que había hecho Stalin, matar a 60 millones de personas porque era ateo.
Y yo que oigo esta barbaridad y me levanto y protesto a voces: ¿pero qué disparate estás diciendo?' Y unos que me chistan y otros que me dicen que espere a intervenir luego. Pero no, no podía esperar: me aproximé al gurú y le dije: 'Te recuerdo que Franco y Pinochet eran católicos'.
Y eso sí, se oyó en toda la sala.
Después de lo cual, la abandoné, con el público entre irritado y sobrecogido.
Me encanta una salida dramática.

Pero a lo que iba. Para empezar, ¿que credibilidad tiene un gurú oriental que es blanco, el típico chaval californiano o sueco de familia bien occidental, aburridísimo de tenerlo todo que se va a la India a encontrarse y acaba en un tour con mánager? Bien poquita o ninguna.
Encima, ni siquiera era original. Esto de decir que Stalin fue el tirano genocida que fue por ser ateo es un argumento ya recurrente en este tipo de debates, y un argumento ridículo que Richard Dawkins desmonta muy bien aquí.
Como bien dice el bueno de Richard, guiándonos por la misma lógica absurda, Hitler y Stalin tenían bigote, ergo, todo hombre con bigote es un hidelagranputa.
Un poco de seriedad, por favor.

Pero en fin, qué seriedad se puede esperar de otro impostor, un gurú tururú que adorna con bellas palabras la misma vacuidad y mala fe de otras religiones.
Porque el gurú que recalaba en Tabacalera para hacer un bolo más dentro de su exitosa gira veraniega no era más que otro charlatán de la feria espiritual.
Otro farsante poniendo voz a otra fábula.
Una fábula más amable, más dulce y de colores más vistosos y gitanos, pero fábula al fin y al cabo.


El gurú es un caradura que no quiere perder su negocio, este tinglado que le han montado de un summer tour con el que está recorriendo España y Portugal y con el que seguramente se esté poniendo las botas, aunque no tenga el caché de David Guetta.
De lo único que tiene miedo, como cualquier otro líder religioso, es de que la gente le dé la espalda y se quede sin chiringuito.
Porque al final todos, por muy de puros y místicos que vayan, organizan la misma parafernalia y las mismas trampas para cándidos. Y todos ellos -ya sean pastores, reverendos, obispos o gurús orientales- van a lo que van: a embaucar ingenuos para mangonearles a su antojo y, sobre todo, sacarles pasta.
Cling, cling, cling.
La máquina registradora que no deje de sonar.

Pero no, qué va: los malos somos los ateos. La gente sin moral, sin escrúpulos, capaces de las mayores abominaciones. Es el mundo al revés. Vas allí a denunciar que todas las religiones la misma mierda son, por mucho que se camuflen con perfume de sándalo y colores chillones, y eres tú el denunciado. El demonizado. El criminal. Y yo, que toda mi vida he tenido que andar justificándome -por maricón, por artista, por bohemio- ahora resulta que también me tengo que justificar por ateo.
Lo que me faltaba.
Quién me mandaría a mí circular por rutas alternativas a la autopista de lo convencional...

viernes, 13 de junio de 2014

¡Viva la República

francesa!


Post autocensurado, sometido al nihil obstat de las autoridades eclesiásticas (que solo me pidieron que cubriera más mi pronunciado escote) y en el que es conveniente leer la letra pequeña.

miércoles, 28 de mayo de 2014

El crack del 25


No, no me equivoco: en el 29 tuvieron el suyo, que fue financiero, y el domingo 25 de mayo tuvimos aquí otro, el del bipartidismo. Otro crack que hizo historia. Crujimos el bipartidismo y sonó como si sus huesos fueran de cristal. Lo quebramos como a un mondadientes, como a una ramita seca, como a un huesito de pollo, como a un colín, tararí que te vi.
Y espérate, que todavía tenemos que darle la puntilla en las generales.
Lo mejor está por venir.


Entre otras cosas, la campaña sucia, sucísima, bajuna y repuerca a la que la derecha más recalcitrante y sus voceros van a someter a Podemos de aquí a esas mismas generales. Conociendo el estilo que tienen los Chicago Boys del Opus, van a estar volcando toneladas de mierda delante del ventilador.
Habrá bulos, habrá infamias, habrá calumnias, habrá insultos, habrá disparates. La panoplia es amplia, y uno puede esperarse de todo.
También que Pablo Iglesias y su equipo tengan tragaderas porque las van a necesitar.


Luego está la debacle del PSOE, que es como lo de ir de culo, cuesta abajo y sin frenos. Si tuvieran un poco de vergüenza torera, se reciclarían en Asociación de Naturistas Pentálficos. Pero ahí siguen, con más moral que el Alcoyano. Se ve que no han tenido bastante escarmiento. Que, por otra parte, se tienen merecido.


Como el revolcón que le ha dado la Le Pen a Monsieur Hollande. Normal. La culpa del auge de la extrema derecha en Europa no la tiene nadie más que los partidos socialistas, que tienen a sus votantes alienados desde hace años.
No se puede ir de socialdemócrata y luego ser una geisha de los mercados. Y, a veces, perder la dignidad y los principios hasta el punto de resultar una putita más complaciente que los otros, que son sus lacayos naturales.
Este es el retrato de los socialistas de aquí. Llevan demasiados años de postureo. Por eso, la mayoría social de este país, que es progresista, huye de ellos como de la peste, porque saben que es como comprar una copia china de Chanel: nada que ver con el original.


El caso es que es triste ver su papeleta en la mesa electoral como quien ve un gorrión muerto. Era una papeleta fúnebre, marchita, caduca, como una hoja muerta, como una entrada a los cines Renoir de los años 90, descolorida, que encuentras en un cajón...
Más que una papeleta era uno de esos pétalos de rosa secos que uno encuentra entre las páginas de un libro. El recuerdo de tiempos mejores. Ni siquiera conserva el olor. Más bien huele a viejo, a gastado, a naftalina.
Y me dio mucha pena y me puse así como solemne al lado de la mesa un momento, en plan Virgilio dirigiéndose a los senadores, y fue para pensar en toda la ilusión y frescura que la papeleta del PSOE significó para tanta gente en su momento.
Un capital, el de la confianza de la gente, que han dilapidado miserablemente.


Eran tiempos de derroche. Ahora lo son de recortes. Uno de ellos inesperado: el tajo masivo a los caudales de votos de los dos grandes partidos, ahora menguantes.
Y es que en este mundo todo tiene un ciclo, no sé por qué creen ellos que van a librarse de lo que es una ley cósmica.
Eso es lo malo, que se han creído -y creen- especiales, intocables, sobrehumanos. Y no: en un momento dado son tan vulnerables como cualquiera de sus votantes. O de sus no votantes, aunque esto último -especialmente si llevan coleta- les pone muy nerviosos. Así están desde la hora uno, a la ofensiva.
Repito que la cosa no ha hecho más que empezar: nos quedan muchos meses en los que vamos a oír de todo.
Hasta que Pablo Iglesias y los suyos, en realidad, son reptilianos.


La fiesta de la democracia tiene estas cosas, que a veces el payaso que has contratado te sale antisistema, reparte camisetas del Che Guevara entre los niños y se echa con ellos al monte.
La vida te da este tipo de sorpresas, como también que, por una vez, las urnas hayan mostrado lucidez y sentido común. Y espero que las próximas generales sean como el meteorito que acabe de extinguir a los dinosaurios. El tiro de gracia. La traca final. Apocalypse now.


Porque la gente, entre los que me incluyo, está muy harta. No quiere PSOE, PP ni CiU, las alegres comadres protagonistas de una etapa superada y hedionda.
La gente, y yo con ellos, quiere renovación. Los que teníamos hasta ahora no sirven. Son corruptos, casposos, soberbios, incompetentes. Y hace tiempo que viven despegados de la realidad.
La gente lo que quiere es recuperar esa ilusión que en su día les dio el PSOE. La gente quiere oler a fresco y no a cadáver político. Quiere caras nuevas, nuevas tensiones, nuevas alternativas. Quiere más Esquerra, más UPyD, más Podemos, más Ciutadans, más de lo que sea, mientras no sea lo de siempre.
Es un camino incierto, pero es el que hemos elegido.
Soberanamente.