martes, 28 de julio de 2015

Endulzando a Nietzsche


Lo que se agradece, porque puede llegar a ser muy amargo.

sábado, 25 de julio de 2015

Los límites del humor negro



-Tu último libro ha sido un fracaso, ¿no?
-Sí -suspiré-. Estoy harto de los vaivenes del éxito. ¿Sabes lo que debería hacer?
-No, ¿qué?
-Dar un golpe de estado en algún absurdo país del tercer mundo y convertirme en su reyezuelo tirano. Después masacraría a la población en un genocidio sistemático.
-¿Y eso?
-El asesinato de millones de personas garantiza la fama eterna, querido. Mira Hitler o Pol Pot.
-Quizá tengas razón... ¿Me harías a mí primer ministro?
-No. En todo caso ministro del interior, para que te ocuparas del narcotráfico y, por supuesto, hicieras la vista gorda.

jueves, 16 de julio de 2015

Callejero franquista

Si quieres saber qué opino acerca de que todavía exista en Madrid una calle como esta, escucha el podcast de esta entrevista en el programa Hoy por hoy en la que intervengo junto a Pedro Montoliú, cronista de la Villa, y José Luis Muga, vicepresidente de la Federación Estatal de Foros por la Memoria.

domingo, 28 de junio de 2015

Con Grecia




Los griegos fueron un pueblo de imaginación desbordante. Veían osos, leones, cisnes, gigantes, toros, escorpiones, donde nosotros vemos estrellas. Para los griegos los dioses eran como ellos, con los mismos vicios y virtudes, solo que inmortales y más poderosos. Gracias a ellos me puedo llamar cínico patológico. Y si tú eres un neurótico hipocondríaco que necesita terapia y tratamiento psicológico, que sepas que se lo debes todo a ellos. Respeto.

viernes, 19 de junio de 2015

Reinventando lo castizo





















O:

-¿Dónde vas con mantón de Manila? ¿Dónde vas con vestido en patchwork de ganchillo?
-A lucirme y a ver la verbena. A los toros de Carabanchel sí que no. Estoy contra el maltrato animal.

jueves, 4 de junio de 2015

Cuestión de higiene


La derecha de este país es siempre muy predecible cuando pierde las elecciones. Llevan reaccionando igual desde los años 1930; no han cambiado gran cosa. Por algo son conservadores. 
No deja de ser un consuelo, en un mundo tan inestable como este, que al menos entre esta gente las tradiciones permanezcan inmutables. 
Como la de negar toda legitimidad a los resultados electorales cuando favorecen a la izquierda; son capaces para ello de inventar las cosas más disparatadas. Es una vieja tradición, ya digo, porque, al parecer, la democracia solo está bien si la ganan ellos; lo contrario es una provocación.


Es lo que pasa cuando la chusma olvida dónde está su sitio natural. La izquierda no está legitimada para detentar el poder simplemente porque no le corresponde. El poder en sus manos es expropiación.

Así se agarran luego esos berrinches. Espectacular el de la Aguirre, un poco sobreactuado para mi gusto. Ella, que se creía imbatible, ha tenido que soportar el anda y que te ondulen de muchos votantes. Pero qué ingratos y qué desleales, cómo está el servicio, pensaría. Y en un acto público de despecho sin precedentes, torre de soberbia herida por el rayo del plebiscito popular, vaticinó el hundimiento de la democracia occidental a manos de Podemos.



Los Jinetes del Apocalipsis iban a ser Iglesias, Errejón, Ada Colau y, sobre todo, Manuela Carmena, su némesis, su antagonista en esta tragedia política que debería ser representada en el teatro romano de Mérida o recreada en una serie por la BBC, en plan Yo, Claudio.  Es que Esperanza Aguirre es muy Mesalina.

Lo que no puede ser es tan posesiva, tan egoísta. Que otra candidata le pueda quitar el sillón de la alcaldía no es como cuando los colonos blancos usurpaban la tierra sagrada de los indios, por mucho que ella lo sienta así. Las urnas tienen estas cosas; es la dinámica natural de la democracia. Es como las listas de éxito: lo mismo eres número uno que estás abajo del todo. 
La gente en Madrid, sencillamente, tenía ganas de cambio, después de 25 años de gobierno del PP en el ayuntamiento.  Por pura higiene democrática. Además, cuando el ambiente está ya muy viciado, es lo más conveniente.


A las personas de derechas, sin embargo, parece preocuparles más la higiene corporal del adversario. En esto sí que son escrupulosos. Y es como una obsesión. Sobre todo con el pelo. A veces da la impresión de que, para ellos, es lo único que importa.  

En este sentido, si hubo una mártir de sus propios pelos, fue la ministra socialista Leire Pajín
Voy a reducir a dos el millón de improperios que oí entonces: ¡Que se lave ese pelo! ¡So guarra! Era la forma preferida de desacreditar su gestión. 
Yo me fijaba y me fijaba en la Leire porque claro, si daban tanto la chapa con eso es que esta mujer lo llevaba apelmazado de mierda, y tampoco era así. Menuda exageración. 
Si por algo se podía criticar el pelo de la Pajín era porque, en comparación con el de Rosa Díez, María Teresa Fernández de la Vega o Pilar Rahola, resultaba muy aburrido.



A Pablo Iglesias le han machacado por lo mismo, el pelo. Reconozco que entró en escena provocando, con esas greñas y esa cola de caballo tan demodé, tan Miami Vice. Con lo que se lo puso en bandeja a la derecha rampante: ¡Lávate ese pelo, guarro! fue, de nuevo, el grito de guerra cuando tampoco era cierto: Josie, ese gurú, ya dijo en Zapeando que, por lo que él se había fijado, Pablo Iglesias llevaba su coleta muy limpita.

Pero es que ser rojo, por lo visto, es incompatible con el uso de gel y champú. Como que hay una ley cósmica y no puede ser. Los rojos son sucios. Y deformes, y feos. 
Parece que es genético o algo, ya estuvo experimentando el insigne doctor Vallejo Nájera aunque sin llegar a resultados concretos.


Son inframundo, infragente. No saben lo que es el decoro. Ni la limpieza. Por eso a los del 15M los etiquetaron enseguida de perroflautas a los que les olía demasiado el sobaco. 

‘Esa gente, los de la Puerta del Sol, lo que necesitan es una ducha’, decían en sus programas, entre grandes risotadas autocomplacientes. Y entrevistaban a la momia de Arturo Fernández, que entre chatina y chatina contaba que se había pasado por Sol y que allí lo que había visto era gente muy fea.



Eso, eso: feos al paredón. Por eso fusilaron a tantos. Desde luego, nada como oler a Loewe. O a Álvarez Gómez. Pero todo eso es muy superficial. La higiene que la gente demanda ahora no es la corporal, sino la de unas instituciones tomadas al asalto por gente muy sucia por mucho que huelan y vistan bien. 
Si hasta han cambiado entre nosotros el estereotipo de delincuente. Ya no es la imagen de un yonki desesperado con chándal mugriento sino la de un caballero elegante, con gomina, chaqueta y corbata.

Más el toque definitivo, tan de bandolero español, de la patilla de hacha.