lunes, 30 de enero de 2012

Diálogos al vuelo


-¿Tú entiendes que una camiseta blanca pueda mancharse de estar metida en un armario?
-Siendo tu armario, lo entiendo perfectamente.


-Yo para el sexo tengo la manga muy ancha, ¿y tú?
-Ancha no, japonesa.


-Oiga, le he pedido la leche templada y me la ha puesto hirviendo.
-Qué quiere que le diga. El concepto de 'templada' es muy subjetivo.


-¿Es guarro en la cama?
-Una letrina.


-Muy guapa la sesión, ¿quién es?
-La he mezclado yo. Es que además de taxista soy DJ.
-Ah.
-Aquí donde me ves, hago mis pinitos con los platos. Technics, claro.
-Claro.


-Tía, ¿qué hago, me pongo tetas o labios?
-Ponte una raya mejor.


-Qué fuerte, no sabes lo que me pidió que le hiciera. Calígula se habría sonrojado.
-Ese Calígula que dices, ¿no sale en Gran Hermano?


-¿No te has enterado? Manolo ha dejado las drogas.
-Esas cosas no se dejan. Son pulsiones.


-Uf, qué noche la de ayer. Todavía estoy tratando de recuperar los derechos de propiedad sobre mi recto. Lo que me consuela es saber que posiblemente no pueda caer más bajo.
-Date solo un poco de tiempo. Tú siempre te has superado.

viernes, 13 de enero de 2012

El turismo que viene


Los tours del futuro visitarán las ruinas magníficas de los centros comerciales.

-¿Y eso de ahí?, preguntará una turista curiosa, señalando una catedral gótica.

-Ah, eso -contestará el guía indiferente-. Unos restos sin importancia. Y ahora síganme, por favor, que vamos a visitar la tienda-museo de Ikea donde podrán realizar un recorrido virtual por lo mejor del diseño escandinavo.

-¿Y el Starbucks donde se firmó la paz entre israelíes y palestinos?

-Esa actividad la tenemos programada para esta tarde, caballero, junto con la visita al mausoleo de Apple.

El maleficio de la duda


El tipo era de los que pensaban que la vida no valía la pena.
Hasta que se murió.
Y nadie sabe si ganó con el cambio.

martes, 3 de enero de 2012

Frenillo sin freno



El otro día me encontré por la calle con un amigo que acaba de mudarse, y se puso a hablarme de su nueva compañera de piso:

-Es muy maja –me contó-, pero tiene un problema de frenillo en la lengua y no pronuncia la erre.

-¿Y qué tiene eso de malo?, pregunté.

-Nada. Es sólo que se empeña en hacerse la vida más difícil. Con lo que le cuesta decir la erre no se le ocurre otra cosa que tener tres peggos, como ella dice. Y uno de ellos, para colmo, se llama Rambo. Bueno, Gambo.

Yo me reí y comenté:

-Ya le podían gustar los gatos. O las tortugas. Por lo menos sabría pronunciarlos.

-Ella es así de gaga. Ahora en serio. Hay cosas de ella que no entiendo. Por ejemplo, sabiendo que no puede pronunciar la erre, nunca dice calderilla.

-¿Ah, no? –pregunté divertido-. ¿Qué dice entonces?

-Chatagga.