viernes, 30 de mayo de 2008

Epitafio

Polvo eres y en polvo te convertirás, eso dalo por hecho, herman@.
Así que, ante el trámite inevitable que nos toca tarde o temprano, conviene no descuidar ciertos detalles decisivos, aquellos con los que dejaremos huella en la posteridad.
Como el epitafio, las famous last words que dejarás inscritas en piedra (o metacrilato trasparente) para admiración y comentario de las generaciones venideras.
Esa frase que no tiene por qué ser breve pero sí ingeniosa, simpática o profunda pero resultona, que impregne fácilmente la memoria, como una de esas pegadizas melodías de la radiofórmula.
En cualquier caso, elijas el tono que elijas, filosófico o desenfadado, azul claro o marino, lo que ha de ser es lapidaria (no en vano su destino es una lápida).
*************************************
De todos es conocido el epitafio de Groucho Marx: “Disculpe que no me levante, señora.”
Pues bien, no existe. Es otro de esos rumores sin fundamento, como que la química es mala para el ser humano.
En su lápida, en realidad, sólo aparecen su nombre, sus fechas de nacimiento y defunción y una estrella de David.
De todos modos podía ser perfectamente atribuible a su talento, esa mezcla de brillante humor negro y elegancia mundana que no perdía ni después de muerto.
************************************
Es realmente arduo dar con un epitafio de antología; representa un brainstorming continuo.
Y uno, a poco que se obsesione con ello, puede consumirse la vida pensando en uno, sometido a una presión terrible.
De pesadilla.
En un momento dado, si no se te ocurre nada mejor, puedes samplear de otro autor, del concursante de un reality (ay, quién me puso la pierna encima) o de la biblia, por más que la frase genial y definitiva probablemente te venga con el último espasmo: hasta para esto, como para todo, lo improvisado sale mejor.

jueves, 29 de mayo de 2008

Macabra confusión

Durante un tiempo corrió el bulo de que era una leyenda urbana, pero el incidente, por rocambolesco que parezca, sucedió realmente.
El 26 de octubre de 2005, el cuerpo sin vida de una mujer de 42 años permaneció colgado a la intemperie durante horas a la vista de todos en Frederica, Delaware.
Todos pensaban que se trataba de un monigote de Halloween más, ya que las calles y casas de la ciudad estaban decoradas para la inminente fiesta.
La mujer se había colgado del árbol de una avenida con casas, bastante concurrida. Su cadáver, suspendido a unos seis metros del suelo, podía distinguirse fácilmente desde los coches que pasaban.
Según las autoridades locales, la explicación a este tétrico malentendido la tiene la decoración de Halloween, cada año más sofisticada. Los vecinos, no contentos con poner la típica calabaza iluminada fuera, cuelgan de sus casas o de los árboles de sus jardines esqueletos, brujas o figuras de ahorcados.
Fue esto lo que llevó a la gente a pensar que la suicida se trataba de uno más de los muchos espantajos decorativos por la fiesta de Halloween.

Segunda oportunidad

Un anciano chileno se despierta en medio de su propio velatorio.

SANTIAGO - Un anciano de 81 años se despertó en el ataúd durante su propio velatorio, ante la sorpresa de amigos y familiares que lloraban su muerte en la pequeña ciudad chilena de Angol, informó el domingo la prensa local.

Los familiares de Felisberto Carrasco pensaron que el anciano estaba muerto debido a la baja temperatura e inmovilidad de su cuerpo y, en lugar de llamar a un médico para comprobarlo, llamaron a una funeraria, que se lo llevó vestido con su mejor traje hacia su anticipado velatorio.
"No podía creerlo. Pensé que estaba equivocado y cerré los ojos. Los volví a abrir y, claro, mi tío estaba mirándome. Me puse a llorar y corrí a buscar algo para abrir el ataúd", relató Pedro Carrasco al diario Ultimas Noticias. Una vez liberado, el anciano dijo que no sentía dolor alguno y pidió un vaso de agua.
Las radios de la ciudad tuvieron que rectificar el anuncio de su muerte, que ya habían anunciado.


Noticia publicada por la agencia AFP el lunes 21 de enero de este año.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Tanatocuentos y otras historias

Lo de los tanatocuentos no es mío; ya quisiera yo ser tan ingenioso para los neologismos.
Como creo que puede apreciarse en la foto de arriba, se trata de una iniciativa de la empresa mixta de los servicios funerarios de Madrid, que convoca un concurso de tanatocuentos, es decir, relatos que versen sobre “algún aspecto de los ritos funerarios.”

*****************************************
La invención del vocablo ya me parece suficientemente original como para dejarlo aquí, pero, tan dado como soy a afilar lo que en principio es imposible que pueda tener punta, inevitablemente me pregunto: ¿a qué aspectos de qué ritos funerarios se refiere? Lo digo porque, por lo que he visto en algún documental de Odisea, en Papúa-Nueva Guinea los hay realmente desagradables.
No sé hasta qué punto sería aceptable en este caso la diversidad cultural.
Otra cosa que me temo es que tampoco se podrá echar mano del humor negro, ese humor oscuro y ponzoñoso como la brea que a mí me gusta tanto… Pero que no conecta fácilmente con la sensibilidad general.
Como tampoco se suelen entender las tendencias enfermizas hacia lo más horripilante y macabro. Porque si Poe viviera y le diera por presentarse a este concurso, no sería precisamente con un relato muy complaciente con la sensibilidad burguesa, que es al fin y al cabo la que otorga el premio.
*****************************************
No os lo niego: yo he pensado en presentarme, pero por otra parte no estoy nada seguro de hacerlo, ya que a mí el aspecto de los ritos funerarios que más me atrae es el del canibalismo.
De hecho se me había ocurrido un relato, algo titulado Los Últimos Días de Atapuerca, por ejemplo…
Ya me parece estar viendo los gestos arrugados de asco del jurado al leerlo... Y mira, probablemente no me lleve ni un cochino accésit, pero al menos, imaginando la escena, me regodeo.

Adiós.
Esa es la palabra.
Que no es un hasta luego ni un hasta pronto: es para siempre, la despedida definitiva.
Y también el título de una revista harto curiosa que descubrí en el Tanatorio Sur, centrada única y exclusivamente en el siempre morboso y espinoso tema de la muerte.
Aun sin pretenderlo, es gótica a más no poder.
En serio, podría pasar perfectamente como boletín oficial de la comunidad siniestra, tan sólo conque se retocara un poco su maquetación insípida.
*****************************************
Y eso que, repito, su intención inicial es de lo más inofensiva: desdramatizar la muerte con artículos que van de lo frívolo a lo erudito pasando, cómo no, por lo existencial, haciendo así de ella algo natural y presente en nuestras vidas desde tiempo inmemorial.
Para los que hemos caminado con zombis, esta revista especializada en el morbo inagotable de la muerte supone un boccato di cardinale intelectual.
Entre las cosas que puedes leer: la noticia de que Terra Mítica, para celebrar Halloween, se convirtió por un día en un cementerio, un interesante artículo sobre los ritos de la muerte en las culturas toltecas, un romántico reportaje fotográfico sobre la paz y la belleza de los cementerios irlandeses (en 2 entregas) o un sorprendente estudio de cómo aceptan la muerte los jóvenes universitarios.
Me he suscrito, por supuesto.
Y me he permitido la libertad de suscribir también a Tim Burton.
Estoy seguro de que, como a mí, le va a encantar.

jueves, 22 de mayo de 2008

Tanatorio











No sé si será porque tanatorio viene de la palabra griega para muerte (tanatos) que tienen casi todos ese aire grecolatino, a lo museo de arte romano de Mérida. O a lo mejor es porque en aquella época gloriosa, la de los griegos y romanos, se construyeron los más imponentes mausoleos y panteones y su estilo ha quedado definitivamente asociado a la arquitectura funeraria. Al fin y al cabo el neoclásico es un estilo grave y solemne, como la misma muerte, y por eso encajan tan bien.
La relación salta a la vista en estas fotos del tanatorio sur de Madrid. Con sus propileos de columnillas ante las salas mortuorias, sus esbozos de capiteles dóricos y sus antepechos romanos, es un edificio que no desentonaría del todo en un cómic de Asterix y Obelix.
Y sí, todo esto está muy bien, pero a mí lo que me parece es que, en esta cultura de parques temáticos, los tanatorios se han quedado atrás. No estoy proponiendo que les metan un dragon khan, para nada, sólo que, para animar el lúgubre cotarro que supone despedir a un amigo o familiar, podían ser eso, temáticos, divididos por zonas geográficas como los City VIPS de antaño, que tenían su parte china, neoyorkina, polinesia...
Pues los tanatorios igual. ¿Que te apetece funeral balinés? A la zona, convenientemente decorada, de Extremo Oriente. ¿Que lo que se tercia es uno por el rito de los indios americanos, dejando los restos del muerto en un árbol para que lo devoren los buitres? Pues a la parte del tanatorio que recrea las llanuras del medio oeste cuando los sioux y los granjeros blancos andaban a la gresca, un diorama espectacular con perros de las praderas y bisontes animatrónicos. ¿Que se te antoja una ceremonia hindú, con su pira funeraria frente a un remedo holográfico del Ganges? Pues hala, a la zona de la India y sus misterios...
No cabe la menor duda de que así los velatorios se harían más llevaderos y supondría también menos esfuerzo tener que acudir a uno de esos deprimentes tanatorios.
Porque lo peor de la muerte no es que sea una tragedia, sino que es una tragedia mortalmente aburrida.

lunes, 19 de mayo de 2008

Descanse en paz




A la memoria de mi tío Enrique.

viernes, 16 de mayo de 2008

La visita de la dama negra



Nadie se libra de ella.
Aunque en este caso ha habido suerte: el cielo puede esperar.

jueves, 15 de mayo de 2008

A dos metros bajo tierra

Donde acabaremos todos, sin excepción. A no ser que te incineren, claro. Lo de que te reduzcan a cenizas probablemente sea mucho más limpio y ecológico, pero también es verdad que resta solemnidad a tus exequias.
Porque cuando a uno lo entierran metido en una caja, con cortejo al cementerio, donde te depositan gravemente en una fosa mientras un cura recita un responso, pues como que todo impone un respeto.
Miras a tu alrededor y la gente tiene cara de estar asistiendo a su propio funeral.
*********************************
La urna de las cenizas, por el contrario, como que la gente no se la toma en serio. Lo de menos es que acaben adornando la repisa de la chimenea o algún estante. Sé de alguien a quien se le desparramaron por la casa y, para compensar la pérdida, metió arena del gato. Y de otros a los que se les derramaron dentro del coche y tuvieron que recuperarlas con un aspirador de migas. Y de unos amigos que, tras la cremación de su colega muerto en accidente de moto, se fueron de juerga con él, pasándose la urna unos a otros toda la noche: “Eh, ¿quién lleva a Alberto un rato ahora? Yo ya estoy cansado de cargar con él…”
Está bien que se bromee, hasta el punto de frivolizar, con un fenómeno tan traumático y brutal como es la muerte (recurso mentalmente sano), pero lo de las cenizas es un cachondeo.
*******************************
Mediáticamente, sin embargo, dan mucho juego.
Una pregunta recurrente en las entrevistas a celebridades es la siguiente: ¿Dónde te gustaría que esparcieran tus cenizas?
Y aquí se abre la brecha, una vez más, entre los campechanos y los pretenciosos.
Los primeros te saldrán con la localización más sencilla; los segundos, con la más rebuscada.
Por ejemplo, entre los campechanos abundan los apegados al terruño, rural o urbano, y suelen responder "en mi pueblo" o "en el parque de mi barrio", cuando no se decantan por un simple "en el mar" o "en el campo", sin más.
Esto es sencillez.
*********************************
Para los esnobs, responder con simplezas así es anatema.
Antes muertos que sencillos.
Tomemos como ejemplo a Isabel Coixet, first lady entre los esnobs.
A una pregunta así, ella te respondería que "en un paraje de Idaho poéticamente barrido por el viento, rodeada de actores super indies de las filmografías canadiense y lituana".
Esta sería una opción. Otra: "sobre los taburetes de gastado eskai de ese bar del Village neoyorkino donde tantas veces se han sentado Woody Allen y David Lynch a buscar inspiración y disfrutar de la mejor clam's soup de la ciudad".
Esto es sofisticación.
*********************************
A mí en cambio lo que me gustaría es que, llegado el día, mis amigos corten mis cenizas con las sustancias estupefacientes que quieran y me esnifen en unos tiritos durante una farra salvaje, como hizo Keith Richards con su padre.
Porque, guau, esto es rock'n'roll.

lunes, 12 de mayo de 2008

Nivel 2: cripta























Para esta entrada he alternado fotos de lápidas de la cripta de la Almudena –entre ellas la del muy ilustre Marqués de Villaverde, maridísimo de la hija de Franco- con otras del Bunker Club, que funciona los sábados a primera hora de la noche en la sala Wind (plaza del Carmen, Madrid).
Dos criptas distintas pero complementarias, una consagrada al eterno reposo y la otra a la diversión funeraria.

Y como no puedo dejar de hacer travesuras conceptuales, mezclé una con otra y puse a todos estos muchachos de pinta tétrica y espíritu lúgubre a pisotear sepulcros.

Con muy poco respeto, todo hay que decirlo.

Y más teniendo en cuenta que pertenecen a gente muy respetable.

A mí esto me da igual.

Lo importante es que he conseguido el efecto.
Porque ¿acaso hay algo más gótico que bailar sobre unas tumbas?

sábado, 10 de mayo de 2008

See you later, elevator

No es que yo tenga una especial debilidad por los ascensores, es sólo que los necesito para subir o bajar de nivel.
En este de la foto, uno de tantos con espejo, aproveché para hacerme unos autorretratos, a lo Rembrandt hi tech.

Y el espejo volvió a espabilar en mí una vieja sospecha… Ese otro yo enfrentado a mí, aparentemente idéntico y de movimientos sincronizados, ¿es sólo un reflejo o es algo más, quizá mi copycat suelto por algún universo paralelo, uno que bulle simétricamente al otro lado?
A lo mejor son miles de ellos… El portal de la casa de mis abuelos maternos estaba flanqueado por dos grandes espejos. Pues bien, según como te colocaras entre ambos, te veías multiplicado casi infinitamente a uno y otro lado.
A mí me gustaba jugar con este efecto, y siendo un mocoso no dejaba de pensar si esa tropa de doppelgangers no existiría realmente repartida en distintas lonchas de realidad.
A veces me gustaría poder atravesar los espejos como Alicia para comprobarlo.
En la tradición esotérica, los espejos representan puertas.
Pasajes.
Accesos.
Adónde, no lo sé. Quizá a nada bueno, si recordamos todas esas leyendas que aseguran, por ejemplo, que si después de medianoche con luna llena eructas tres veces y te asomas a un espejo, verás el rostro del diablo… O tu propio funeral.
Yo no he tenido nunca el valor de conjurar rostros satánicos o escenas macabras: los espejos ya tienen para mí suficiente misterio.
Porque cualquiera sabe si ese otro yo que veo en el espejo del ascensor no estará a su vez mirándome y fotografiándome a mí en otro y preguntándose si eso que ve no será algo más que un reflejo…