jueves, 13 de mayo de 2010

Una habitación con vistas


La de la suite 409 en el hotel Miranda-Suizo de El Escorial, un miniapartamento de lo más cuco al que sólo le faltaba, para ser perfecto, una cocina, siquiera americana.
El Miranda-Suizo es un hotel venerable en el pueblo más elegante y señorial de Madrid. En él pasé hace poco un fin de semana húmedo y fresco pero de lo más romántico y relajante.
En los bajos del mismo edificio hay una preciosa cafetería art decó que es toda una institución en el pueblo, con un ambiente de lo más bullicioso las tardes del fin de semana. Es el punto de encuentro para la pequeña burguesía del pueblo que acude en familia a merendar.
Hay hoteles encantados, como el Chelsea de Nueva York, y hoteles, como el Miranda-Suizo, con mucho encanto.


Suite 409.
Suena a título de película de terror, una de esas en las que la verdadera protagonista es la habitación de un hotel que encierra un secreto macabro -un crimen sangriento o misas negras con sacrificios humanos- y en la que por las noches tienen lugar sucesos extraños: voces, portazos, aparatos que arrancan solos, una poderosa sensación de no estar solo, crujidos y arañazos en las puertas...
Por lo que pudimos comprobar, esta no pertenecía a esa lista de habitaciones malditas a la que se acaba de incorporar la número 101 del Hotel Miramar de Lloret de Mar, donde una fugitiva británica ha asfixiado a sus dos hijos pequeños.


Yo soy de los que buscan emociones fuertes siempre que pueden, pero esta vez ambicionaba justo lo contrario: más que sentir pánico en la habitación, buscaba una habitación del pánico, una burbuja donde sentirme protegido y a salvo de un mundo que no nos da tregua desde hace tiempo con sus catástrofes naturales y esta crisis larga y profunda que está creando un clima cada vez mayor de incertidumbre y descontento.
La suite 409 del Hotel Miranda-Suizo fue, durante un fin de semana memorable, el refugio ideal donde aislarse de todo eso.
Y si acaso querías un contacto suave con el exterior, te asomabas a la terracita para inhalar aire serrano y disfrutar del panorama impresionante de la cúpula y torres del monasterio, los tejados suizos del pueblo y las faldas del pico Abantos mientras a cada rato se escuchaba un concierto zen de de carillones y campanas.
Y entonces me acordaba de una frase que escuché en una película de J. L. Mankiewicz, "Mujeres en Venecia":
"El mundo parece más seguro desde la ventana de un hotel."
Francamente, no podría estar más de acuerdo.

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