viernes, 10 de junio de 2011

El indefinible encanto de lo trasversal






Fusión es una palabra que ya huele. No hay nada más noventas que eso. Ahora lo que se lleva es la trasversalidad. El pensamiento y la acción en diagonal. Lo oblicuo.
Con todo lo que pueda tener de indefinición y ambigüedad.
Por eso pasa lo que pasa, que te confundes. Pero es inevitable: los perfiles se presentan borrosos, los dress codes se mezclan, las señales se yuxtaponen, los esquemas se rompen y todo es nuevo y diferente, como si realmente estuviéramos alumbrando un mundo inédito.
Mientras tanto, hasta que las reglas se fijen definitivamente, la ceremonia es de cierta confusión.
Uno ya no sabe cómo tomarse las cosas, de lo revueltas que están.

Por eso te encuentras una manifestación como esta y lo primero que piensas, desconcertado, es si el Orgullo no se habrá adelantado unas semanas. O que a lo mejor están haciendo un ensayo previo, como hacen en la Puerta del Sol con las campanadas de fin de año.
Qué va a pensar uno en principio con tanto torso al aire y tan bien formado. De todos modos, me dije, para ser un evento marica era demasiado reivindicativo: levantaban mucha pancarta y parecían muy cabreados.
Y lo más revelador: no sonaba música house.
Ahí fue cuando me dije: esto es algo más serio.





'Ya está -pensé entonces, atando cabos improbables pero no imposibles-, los gays se han sumado al movimiento 15 M. Para que luego digan que son todos unos superficiales y unos hedonistas'.
Pero no, tampoco: resulta que eran aspirantes a bomberos protestando porque el tribunal, al parecer, había impugnado un 30% de las preguntas de la prueba de ingreso, que habían pasado cinco años preparando. Y como era de esperar, estaban indignados, que es otra palabra de moda.

Lo que ignoro es qué necesidad había de lucir músculo, que fue lo que más me despistó. Algunos incluso se quedaron en calzoncillos. Algo, desde luego, tenía que ver ese punto exhibicionista de los bomberos, conscientes de ese cuerpo que tienen, siempre encantados de despelotarse para calendarios. Pero también me gusta pensar que la marcha del Orgullo, con todo lo que la critican, se ha convertido en un referente.
Porque de repente todo parecía tan gay. Y seguro que entre ellos además los había de izquierdas y de derechas, agnósticos y creyentes, del sur y del norte, activos y pasivos, luchando todos juntos por un mundo mejor en la que quizá era la manifestación más sexy que había visto en mi vida.
Y qué quieres que te diga, que viva la trasversalidad.

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