martes, 3 de enero de 2012

Frenillo sin freno



El otro día me encontré por la calle con un amigo que acaba de mudarse, y se puso a hablarme de su nueva compañera de piso:

-Es muy maja –me contó-, pero tiene un problema de frenillo en la lengua y no pronuncia la erre.

-¿Y qué tiene eso de malo?, pregunté.

-Nada. Es sólo que se empeña en hacerse la vida más difícil. Con lo que le cuesta decir la erre no se le ocurre otra cosa que tener tres peggos, como ella dice. Y uno de ellos, para colmo, se llama Rambo. Bueno, Gambo.

Yo me reí y comenté:

-Ya le podían gustar los gatos. O las tortugas. Por lo menos sabría pronunciarlos.

-Ella es así de gaga. Ahora en serio. Hay cosas de ella que no entiendo. Por ejemplo, sabiendo que no puede pronunciar la erre, nunca dice calderilla.

-¿Ah, no? –pregunté divertido-. ¿Qué dice entonces?

-Chatagga.

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