lunes, 9 de julio de 2012

Una verdad sintética



O incómoda, si no fuera porque Al Gore me ha quitado el copyright. De todos modos, para mis intenciones, casi prefiero lo de 'sintética', entendiéndolo como opuesta a lo natural, artificial, que no por ello menos cierta.
Y que me gustaría sirviera de réplica a esos reaccionarios religiosos y homófobos que condenan la homosexualidad porque, según ellos, 'no es natural', como tampoco lo es para ellos el matrimonio gay.

Ante este desconcertante argumento, mi pregunta del millón de francos suizos es, ¿qué es hoy lo natural? O planteado de otro modo, ¿Queda algo realmente natural en nuestra civilización moderna, más allá de todos esos parques nacionales de bordes urbanizados? Parques o reservas naturales, a todo esto, con sus senderitos monísimos señalizados y llenos de basura y mierda.


Vivimos todos en un contexto artificial, liofilizado y aséptico, embadurnados de química, respirándola a diario además de otros malos humos y, en nuestra pujante y prepotente civilización, hemos reducido nuestro contacto con lo natural a tener un gato y un par de macetas.
Hace mucho tiempo ya que, como especie, llegamos a la conclusión de que la naturaleza es algo de lo que se puede prescindir: es hostil, está llena de bichos, algunos hacen mucha pupa, durante miles de años estuvimos expuestos a ella y sus elementos y encima, de vez en cuando tiembla o se inunda y nos deja tiesos.

Mejor crear una a nuestra medida, domesticada, intervenida, irreconocible. Y la consecuencia de ese afán es que lo hemos desnaturalizado todo.
Así ocurre lo que ocurre, que cada vez la gente desarrolla más alergias, especialmente los niños, que llevan varias generaciones ya naciendo con un sistema inmunológico que es una caquita. O con una de esas enfermedades raras, de las que ya hay todo un catálogo, amplio como el de Venca.


No solo es que vivamos en un entorno completamente artificial, es que muchas de las cosas que asumimos como normales desafían a la naturaleza tanto o más que la homosexualidad y el matrimonio gay.
Porque no sé si, cuando hablan de 'lo natural' se refieren, por ejemplo, a la comida que comen, que imagino que no. O a vivir en un entorno como es la ciudad, lo menos natural que existe. O al hecho de volar en avión, que me imagino que tampoco. O al de beber cerveza sin alcohol, que no deja de ser otra aberración contranatura. O a tener un perrito toy, un peluchito vivo y frágil como una figurita de Lladró, cuando recuerdo que los perros originales, los antepasados de estas miniaturas ridículas de ahora, se parecían mucho a los actuales lobos, quién lo diría.

Como tampoco tienen nada que ver las vacas de hoy día con sus ancestras, a las que hemos cruzado y recruzado una y otra vez hasta conseguir estas máquinas de producir leche y carne y a las que, por cierto, les damos de comer piensos nada naturales, que por eso luego se nos vuelven locas y nos transmiten enfermedades muy feas que nos convierten en zombis.


Es lo que pasa cuando adulteras y metes mano a lo natural, que ríete tú de lo que pasaba en la isla del doctor Moreau. En cualquier caso, ateniéndonos estrictamente al argumento de que la unión entre dos personas del mismo sexo no es lo que marca la naturaleza, que hagan el favor de darse una vuelta por el zoo de Madrid, donde una simpática pareja de pingüinos (que deberían tener su merchandising ya) se encargarán de desmentirlo.

Lo que sí le dicta la naturaleza a cualquier especie es la ley estricta de la supervivencia, y eso incluye no solo buscarte la vida y sortear peligros sino también reproducirte para perpetuarte en el mundo y mantener tu reserva genética.
Con lo que vuelvo a tocar un punto en el que ya muchos han incidido: si esto es así, ¿qué utilidad tienen para la especie curas, papas, obispos, frailes y monjas? Absolutamente ninguna. No existe nada más antinatural, biológicamente hablando, que no emparejarse para prolongar la especie.

Aquí lo contradictorio es que los que más hablan de sexo y procreación son los que menos lo practican y procrean (no todos, porque algunos no se privan: la llamada del instinto es mucho más poderosa que la de su dios).
Pero vamos, por lo general, en esto no tienen ninguna prerrogativa. Parafraseando a Esperanza Aguirre, superstar de la declaración mediática, es como si a Paris Hilton le diera por fundar conventos.


Conventos que, desde el punto de vista biológico, son caserones muertos. Una monja sí que es una abominación de la naturaleza, un ser alienado en el ciclo compulsivo de la vida, genes que se perderán como lágrimas en la lluvia. Un disparate y un desperdicio: que las monjas no paran las convierte en parias biológicas.
Y hablando de parir, si hay algo definitivamente antinatural es la epidural. Sin embargo, mucha objeción de conciencia a Educación para la Ciudadanía y de las farmacias opusinas a venderte condones, y yo no veo que ninguna parturienta católica rechace esta anestesia.
Parecen no darse cuenta de que están desobedeciendo un mandato directo de Dios: 'Parirás con dolor', que a mí, si fuera creyente, me parecería algo muy serio.

Porque, que yo recuerde, el temible Jehová nunca dijo ni palabra de bollos y maricones pero sí dejó bien claro que las mujeres al parir pasaran un mal rato.
Es lo que tiene tener un dios misógino, así que menos pancarta de 'Dios odia a los gays' y más coherencia.
Para ser creyente de verdad, hay que saber lo que duele una contracción.
¿O qué os habéis creído, que la fe es solo meterse en la vida de los demás?
No, queridas: la fe cuesta.


Esculturas de perros de Robert Bradford.

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