jueves, 11 de enero de 2018

Encuentre las diferencias

Durante décadas, en Australia, miles y miles de niños aborígenes fueron arrancados brutalmente de sus familias para ser educados en 'hogares cristianos blancos' y así 'civilizarse'.
Para quien prefiera la película al libro o al hilo, ahí está 'Australia' tocando el tema, protagonizada por Nicole Kidman y Hugh Jackman.
Son las llamadas 'stolen generations', o generaciones robadas.

En 2008, el primer ministro Kevin Rudd pedía perdón en el parlamento por esta mancha infame en la (breve) historia del país.
Era un gesto necesario, era un gesto importante y ya está hecho.
Allí parece que el concepto de 'dignidad nacional' se entiende mucho mejor.


En Canadá, durante casi dos siglos, vino a pasar lo mismo: hasta 150 mil niños aborígenes fueron separados de sus familias para, de nuevo, 'forzar' su asimilación en la nueva sociedad, blanca y cristiana.
Para ello no encontraron mejor forma que entregarlos a internados católicos de pesadilla, con trato denigrante y monjas villanas.
En ellos, los niños abducidos tenían prohibido hablar su idioma o practicar su cultura autóctona.
La idea era 'matar lo indio en el niño.'

Murieron más de 6 mil críos en los internados del infierno. Muchos otros sufrieron abusos fisicos y sexuales, de acuerdo con el informe presentado en 2015 por -oh, maravilla- la CTR, siglas en inglés para la Comisión de Verdad y Reconciliación.
En 2008, el entonces primer ministro de Canadá pidió perdón públicamente a los supervivientes. El actual, Justin Trudeau, ha llegado al extremo de pedirle al papa Francisco que también se disculpe por el papel de la iglesia católica en lo que el informe de la CTR calificó de 'genocidio cultural.'
En Canadá, lo de la 'reparación a las víctimas' no es una frivolidad: es un compromiso que se toma muy en serio.


España es otra cosa. Aquí la dignidad como país, la incapacidad de cerrar viejas heridas, de saldar deudas morales con lo más oscuro de nuestro pasado brilla por su ausencia.
Aquí hacemos como que no ha pasado nada. Y mejor no meterte a revolver la mierda, que todavía te pueden represaliar.
Pero hay vergüenzas que no se pueden tapar, ni silenciar eternamente.
El affaire de nuestros bebés robados es otro crimen de lesa humanidad. Debería remover la conciencia de cualquier persona decente.

Entre la década de 1940 y la de 1990, se calcula que un mínimo de 300 000 niños -TRES-CIENTOS-MIL- fueron arrebatados a sus madres legítimas para ser entregados -o vendidos- a otras familias.
Esto es un escándalo que debería sacarnos los colores a todos. E investigarse a fondo, con todas las consecuencias. Y pedir perdón por ello.
Pero aquí nadie se inmuta.
Esta ha sido, hasta ahora, la comparecencia oficial de un presidente del gobierno español para disculparse públicamente ante las víctimas:


Y eso es precisamente lo que yo siento: d.e.s.o.l.a.c.i.ó.n.

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