miércoles, 18 de diciembre de 2013

Se vende España, razón portería


Porque todo tiene un precio, no sé por qué has pensado que existe una excepción, cantaba Ariel Rot en Sacrificio. De esto hace ya unos añitos, pero está ahora más vigente que nunca.
A pesar de Jessie J, nos están colgando price tags por todos lados. Nada se libra. Todo está a la venta, todo se privatiza: tu línea de metro, tu plaza, tu centro cultural, tu agua, tu parque, tu bosque, tu museo, tu policía, tu sanidad, tu educación...

Y se convierte en marca: Vodafone Sol, Parque Nacional del Guadarrama-Iberdrola, Teatro Calderón Häagen-Dasz, Fuerzas de seguridad del Estado Eulen... Y algún día, por qué no, seremos ciudadanos de España-Coca Cola, registered trade mark, hidratando el Imperio desde que no se ponía el sol.
Parece una idea loca, pero no es tan descabellado: la línea que separa una línea de metro de un país entero, en realidad, es muy fina. Y el neoliberalismo, en su desvergüenza infinita, se atreve a eso y más.
Estos sí que serían capaces de vender a su propia madre.
Bueno, de externalizarla.


Me recuerdan a esos que veo en los supermercados, marcando los productos con una pistolita. A todo le cuelgan un precio.  La realidad no es más que un conjuntos de lotes y saldos, vendidos al mejor postor.
Y la marca España, apoyá en el quicio de la mancebía del libre mercado, es tan susceptible de ser comprada como todo lo demás.
Una marca, además, devaluada y hundida en una espiral de descrédito, con lo que es posible que despeñe su valor hasta convertirse algún día en el Ofertón de la Semana, llevésela por tanto y le regalamos un televisor de plasma-prime minister.

Sería entonces el momento ideal para que una multinacional imaginativa comprase la marca España para convertirla en su centro de operaciones mundial, cambiando la bandera por su logo y el nombre del país por Microsoftia o Googlelandia.
Qué situación ¿no? Pero espera, que todavía podemos darle otra vuelta de tuerca a esta visión distópica hasta hacerla realmente chusca: imaginad que, en vez de una corporación poderosa, es un multimillonario chino o ruso o de Dubai el que la compra.


Por supuesto, todos los periódicos de derechas lo celebrarían, sacando foto en portada en la que el magnate celebra su adquisición con botellas de champán, mujeres en bikini y tacones y peluquín un poco descolocado por tanta emoción.
Y lo celebran y lo saludan como al 'emprendedor internacional que va a rescatar España de su declive y desidia y la va a dinamizar y blablabla'. Para avalarlo citarán su extenso currículum de compañías prósperas e historial en reflote de empresas.

Lo que ellos no saben es que las cosas se acaban volviendo en tu contra. Porque ese señor, de repente, nos sale antojadizo y arbitrario y, en vez de dinamizar la marca España, lo que hace es ponerla patas arriba. Para empezar, le cambia el nombre. Por el de su hija mayor, Yulinka o Chai Wei o por el de Paella, su plato preferido.
En el caso del multimillonario ruso, probablemente nos transformaría en un Club Med para eslavos con factorías de vodka, casinos-lavanderías de dinero, prostíbulos por todas partes, matones con muy malas formas en todas las puertas y clubes exclusivos donde lucir un lujo obsceno.


Los rusos, en este sentido, son muy predecibles. No tanto los chinos, que mira que son misteriosos. Porque a lo mejor el multimillonario chino nos sale todavía más caprichoso que Sheldon Adelson y decide que la bandera de España le parece demasiado chillona, así que la sustituye por una foto de su cara.
Y ahí tienes el banderón de Colón remplazado por una enorme sábana con el retrato de Mr Wong Yei, sonriente y con un look muy chino, pelo anticuado con raya a un lado y gafas metálicas de montura cuadrada.


El chino, por supuesto, que es muy listo, es también el que comercializa las tiras con su cara para llevar en la muñeca y colgando del retrovisor del coche, con lo que además de redefinir las señas de identidad del país se está forrando.
El chino se acaba nombrando rey y le faltará el respeto a España y la llamará 'puta'. Y ante las críticas dirá: "La llamo como me sale de los lichis, que para eso la compré y es mía.'

Lo peor de todo es que el chino tendrá razón y nos tendremos que callar. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Para conocer la moraleja, hazte usuario Premium. Para todo lo demás, Mastercard.

Todas las fotos son de millonarios rusos.

No hay comentarios: