domingo, 21 de mayo de 2017

El futuro es Spanglish (Me comí una salchipapa dubstep)

En la primera mitad del siglo XX, las revoluciones fueron políticas. En la segunda mitad tuvo lugar la revolución contracultural, social y sexual. Pero ya no hay más revolución que la tecnológica. Y nada más tex-mex, por otra parte. 
Entre los muchos cambios radicales que la tecnología está produciendo en nuestra sociedad, hay uno incontestable: nos está haciendo hablar, cada vez más, en Spanglish.
Como prueba ante este tribunal, estos pantallazos:







¿Es este el futuro de nuestra lengua? Spoiler Alert: Parece que sí. Entre la jerga corporativa y, sobre todo, la tecnológica, el castellano de hoy es un idioma conectado a la red eléctrica, técnico o tecnificado: comparado con el del Cantar del Mío Cid, el español actual suena a traducción mala del coreano en un manual de instrucciones de Samsung
Re-inicializando, por si alguien todavía no me cree o piensa que exagero. Algunos titulares de youtube: 'Cuando friendzonean a tu amigo' o 'Ayuda: se me bindeó el estrafe del counter Strike Force', aunque mi preferido es 'Me comí una salchipapa dubstep', que me parece un logro de la fusión cultural entre dos bloques aparentemente irreconciliables, los sexis y ordinarios latinos y la Cool Britannia
Pero es que por ahí van los tiros. Cómo te explicas si no esta encuesta en un diario digital: : ¿Qué político de derechas es tu crush? O este otro titular: 'Carlota Corredera es la obesa in and out de España'. Pero esto no es todo. ¿Tienes una cuenta twitter con más de 25k? Troyanos Alliance: mucho más que un deck (Anuncio real). ¿Y cómo te quedas cuando te pasan una tarjeta en la que pone: ‘entertainer en youtube’? Pues que sonríes, porque es una señal de los tiempos. It’s very difficult todo esto, lo sé, pero la tendencia está aquí y es imparable.
Ante este panorama -o scenario-, son muchos los que se quejan y protestan. Pero es una batalla perdida. El proceso es inevitable y cuanto antes lo aceptemos, mejor: el futuro es Spanglish.


La resistencia, con todo, es fiera. Empezando por esa institución venerable que es la RAE, donde nada más entrar te debe de venir un golpe a bouquet de momia y en la que está Pérez Reverte, poniendo el componente quijotesco. 
Dispuestos a luchar contra los gigantes -en realidad molinos- de la historia, te sacan un vídeo (ver arriba) efectista y cargado de buena intención donde denuncian el uso y abuso esnob (palabra inglesa, por cierto) del idioma de Sylvia Plath y Virginia Woolf, que por lo visto hay gente que todavía la teme. La misma gente que viraliza este vídeo en sus redes sociales, surgiendo un nuevo movimiento de indignados con el estado de nuestra lengua, al parecer bajo una terrible amenaza o en serio peligro de extinción cuando para nada: está más pujante que nunca. 
Podría estarlo aún más, si además de en el terreno de las artes nuestro país sobresaliera en el de la ciencia y la tecnología. Pero esto no será posible mientras no nos sacudamos el catecismo del hombro, como la caspa reaccionaria que es. 
Lo digo y lo sostengo: nuestro número de premios Nobel en ciencia será proporcional al número de ministros del OPUS en nuestro gobierno. Para mí la conexión es obvia. Este comentario en FB lo resume muy bien:



Yo no podría haber expuesto la situación de forma más descarnada. Pero es lo que hay. No pintamos nada, como en aquella canción de Mecano. Pero no ya solo en la tecnología, tampoco en las tendencias sociales que, para variar, también nos vienen todas de los Estados Unidos
Son ellos los que las dictan y, por supuesto, los que las definen con sus propios términos. Es su prerrogativa. Nosotros nos limitamos a aceptar sin reservas la nueva palabra, porque, simplemente, no se nos había ocurrido antes. Y así tienes nesting, twerking, infoxicate, lumbersexual, freeganism, clickbait, selfies, memes, scuppies, cupcakes, smombies, crowdfunding, butt shots, fidget spinners, mannequin challenge...




Whatever. El caso es que mucha gente se lleva las manos a la cabeza con la invasión de anglicismos -que esto es verdad que parece la playa de Omaha el día D- pero también es cierto que, a la hora de usarlos, aquí nadie tiene muchos escrúpulos. Yo por lo menos estoy harto de oírselos a todo quisqui. Los usamos todos, no seamos hipócritas. Que levante el pubis el que ahora no es runner, coach o está en un cursillo de mindfulness. Pero luego bien que se quejan: 





A pesar de sus lamentaciones en los muros de FB, insisto: esta es una batalla perdida. El futuro is here and now, y es este. Nos duela más o menos, el inglés nos ha tomado la delantera. 
No solo lo han creado todo, es que a la hora de utilizar el idioma son mucho más pragmáticos. Y crean neologismos sin complejos. El español, en cambio, es rígido como una tía solterona y beata. Y en consecuencia, muy poco práctico para la vida moderna. En economía, en flexibilidad, en inventiva a la hora de crear nuevas palabras, el inglés nos gana por goleada. 
Estos son tiempos en los que, paradójicamente, lo que menos hay es tiempo. Son tiempos rápidos, vertiginosos, en los que hay que teclear y comunicarse a la misma velocidad. En este contexto, ponerse a escribir 'correo electrónico' o 'conexión inalámbrica' con todas sus letras y tildes es un gesto noble y romántico pero casi suicida: para cuando has contestado, la otra persona se ha ido ya. Por eso optamos por 'e-mail' y 'wi-fi', por pura economía. 
Esto ellos lo han entendido muy bien. 
Nosotros, en vez de ponernos las pilas, lo único que hacemos es lamentarnos.

Que los españoles tengamos que escribir 'Jajajajajaa' para expresar que nos meamos digitalmente de risa, pues la verdad, muy práctico no es. Los brasileños lo resuelven metiendo ks seguidas: kkkkkk. Los anglos por supuesto son mucho más prácticos: el LOL, el LMAO, el LMFAO… Para nosotros, esto de los acrónimos, que ahorran tanto tiempo, como que no. Nosotros preferimos escribirlo todo, somos así de formalitos. Y si alguien propone uno, un MMDR por Me Meo De Risa, en vez de saludarla como una persona ingeniosa que nos facilita la vida a todos, provoca el cachondeo generalizado. Nuestro idioma no es competitivo porque nos hemos convertido en unos torquemadas cursis de él. Lo hablamos y escribimos fatal -al menos aquí en España-, pero luego son todo remilgos. 

Como ha pasado con nuestro último representante en el festival de Eurovisión. Una de las quejas más usuales sobre su participación (además de la polémica sobre su elección por TVE) era esta:



Pero nononono. Wrong approach, darling. A pesar del ridículo que hicimos con Manel Navarro -el muchacho no podía ser más amateur y mas malo-, el planteamiento inicial era el correcto, porque es la horma de lo que está por venir. A mucha gente, sin embargo, le parecía incomprensible recurrir al inglés. Qué necesidad había de este engendro spanglish, decían, con un idioma como el nuestro, tan fermoso, tan rico en vocabulario y de tanta importancia mundial. 
¿Y quién lo discute?
Los 65 millones de británicos desde luego que no: el Despacito de Luis Fonsi, con la inestimable colaboración de Justin Bieber y Daddy Yankee, cantado medio en inglés, medio en español e igualmente infeccioso, lleva ya dos semanas nº1 en las listas británicas.
Y esto, para lo cerraditos que han sido siempre a un idioma que no fuera el suyo, es una auténtica proeza, casi como plantar la bandera española en Gibraltar.
Pero es, sobre todo, el futuro. 

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